Testimonio de una profesional colombiana

Testimonio de una profesional colombiana

Buen día, conocí el día de hoy su página y ha sido una experiencia muy emotiva. Mi primer acercamiento a la comprensión del Déficit de Atención fue durante mis estudios de pregrado en psicología. Poco a poco se me fue presentando como si fuera una caricatura de mi vida, siempre distraída, siempre olvidando cosas, siempre metida en mil cosas y terminando muy pocas, siempre creativa e inspirada pero tremendamente desordenada, siempre afanada, agotada, admirada por ser ingeniosa e inteligente pero regañada todo el tiempo por mis olvidos y descuidos que rayaban en lo ridículo.Terminé mi pregrado, mi especialización y maestría… pero la verdad a veces no me explico cómo… Mi facilidad para hablar en público me ha llevado a ser campeona nacional de oratoria y a dar clases en tres universidades. Mi manía de empezar muchas cosas al mismo tiempo me ha llevado a quedar mal con muchas personas, instituciones y conmigo misma.

Pocas personas logran comprender cuán difícil es vivir con el grado de distracción que sostengo continuamente, siempre con trabajo atrasado, siempre olvidando cosas, citas y responsabilidades; mil estrategias he iniciado y mil estrategias he abandonado. He puesto mi vida en peligro por mis descuidos y me gané un accidente de tránsito donde por fortuna la única lastimada fui yo.Mis amigos, mis estudiantes y compañeros de trabajo, ya saben como soy… nos reímos de mis descuidos, yo a veces río por no llorar, sé que la gente comienza a perder la confianza en mí, no de mis capacidades, sino de mi capacidad de recordar las cosas. Situación que se agudiza cuando estoy expuesta a un alto nivel de estrés (situación permanente en mi vida).Mis olvidos son cómicos pero a veces son una pesadilla y otras veces resultan costosos; cuando mi nivel de estrés es demasiado alto, olvido cosas bizarras, por ejemplo, a pesar de que manejo todos los días hace poco no lograba recordar dónde se encendían las luces de la moto, cuál era mi número celular o cosas así.

En clase, a veces, escribo algo en el tablero y cuando me doy vuelta ya he olvidado de qué estaba hablando, yo simplemente le pregunto a mis estudiantes, ellos se ríen, me ponen al tanto y continúo con mi clase con el mismo entusiasmo, “Profe ¿usted cómo logra recordar tantas cosas y saber tanto, pero olvida cositas tan cotidianas?” me han preguntado un par de veces.He apoyado a otras personas a desarrollar estrategias para ellas y sus hijos en el manejo del Déficit de Atención, yo misma he progresado del cielo a la tierra, he logrado conocerme, reconocer por cuánto tiempo logro sostener la atención y qué hacer para volver a retomarla cuando me expongo a una actividad prolongada.No obstante, mis olvidos del día a día han sido mi mayor desafío, me han traído tantos problemas, frustraciones y miedos; asociado a esto en los últimos años he desarrollado unos fuertes episodios de ansiedad que he ido aprendiendo a manejar, pero que siento tienen una fuerte base en la dificultad atencional.

Mi abuela, mi madre, mi tío y su hija, parecemos cortados con la misma tijera, a mi abuela le ha costado muchas ollas quemadas, un “nerviosismo” (como ella lo llama) constante; mi madre es muy cómica, mi casa a veces es una caricatura y ella suele repetir: “ay esta cabeza mía no me sirve pa moños… dónde habré dejado tal cosa…”; a mi tío le costó su matrimonio; mi prima igual que yo hemos destacado por un alto desempeño académico, a costa de hacer las tareas a lapsos de 20 minutos, hacer otra cosa por 5 minutos, luego retomar otros 20, luego parar de nuevo en algo diferente… pero nos cuesta trabajar en equipo ya que los demás se sienten obligados a cargar con un ritmo que les es ajeno. Ambas tenemos dificultades con el tiempo, la puntualidad, botamos continuamente objetos personales y cargamos en silencio con un auto enojo del que nadie más sabe.Nunca he estado medicada para tratar mi Déficit de Atención, las estrategias las he diseñado yo misma, nunca he consultado a ningún profesional por esta condición, cuando estaba en la universidad inicié una investigación sobre esto pero como muchos otros proyectos en mi vida la deje sin terminar.

Hoy en día he renunciado a varias horas cátedra y cargas con miras a poder tener menos estrés y terminar lo que inicio. Participé de un curso de coaching en el año 2008 que me ha inspirado mucho, pero acá en Colombia esta corriente sigue siendo muy subestimada.


Testimonio aparecido en el boletín n° 27 del APDA, publicado el 30 de noviembre del 2011.

 

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