De Anita

De Anita

Anita, mamá de un niño superdotado que tiene TDAH, nos cuenta sobre los buenos resultados del tratamiento.

Mi hijo siempre ha sido un niño muy activo, ojo no HIPERACTIVO, como estamos acostumbrados a ver a los niños super inquietos que se paran, no pueden estar mucho tiempo en su sitio, juegan todo el tiempo y parecen eléctricos, como si los hubieran conectado con pilas Duracell!!

Mi hijo no era, ni es así, pero nunca puede estar sin hacer nada, simplemente descansando o haciendo una siestecita después de almuerzo por ejemplo, él no puede hacer nada de esto; cuando llega del colegio se toma su HORA LIBRE como él la llama y hace lo que desea, puede jugar en la computadora, chatear, jugar con el Nintendo Wii, o con el DS (nintendo de doble pantalla), o con el PSP (play station portátil), o leer un libro.

Le gustan los libros de Harry Potter, lee mucho, este año se propuso leer la saga completa de H. Potter y lo consiguió, cosa que me hace feliz porque siempre lo he incentivado a la lectura; incluso ya es costumbre en nosotros, cuando vamos al cine después entramos a Crisol y compramos un libro para cada uno, es algo así como cuando vas al Chifa y pides Inka Kola!!ja!ja!

A veces en su hora libre simplemente pone sus CDs de Naruto que le encantan (es una serie japonesa), en fin termina su hora y recién va a almorzar; esto es un acuerdo entre los dos, porque me di cuenta que cuando llega del colegio no tiene hambre y es un martirio para que coma toda la comida, pero si espero una hora ya no tengo problemas y come rápido y tranquilo, por lo menos ahora que está con el tratamiento. A veces pienso que quizá sea la pastilla la que le quita un poco el apetito porque después de las 7 p.m. le da mucha hambre y pide su lonche, a veces hasta se prepara algo en la cocina, pero no me preocupo porque está en su peso normal y es uno de los niños más altos del salón, tiene 1.48 de estatura y pesa 45 kilos y solo tiene 10 años, el próximo año entra a 5to grado y con muy buenas notas, las mejores de su clase.

Mi hijo es un niño prácticamente único, mi esposo tiene tres hijos de su primer matrimonio pero ya tienen 31 años la mayor, 27 el segundo y 23 el último, ahora dos de ellos viven con nosotros y ambos ya son profesionales y trabajan, lo que es un buen ejemplo para mi hijo y me alegra. Ellos también son chicos educados y buenos, quieren a su hermanito, cada uno a su manera, a veces lo fastidian, le juegan, lo persiguen, etc. y lo corrigen cuando comente algún error, pero siempre con respeto.

Su papá y yo siempre le hemos fomentado que quiera a sus hermanos, porque son su familia más cercana y hasta el día de hoy puedo decir que lo hemos logrado, él adora a sus hermanos, pero por la diferencia de edades es casi como si fuera hijo único, es el más engreído por todos, aunque a veces él quiere el pedazo de panetón o el helado más grande y lógicamente los hermanos se encargan de ponerlo en su sitio y le hacen ver que todos tenemos el mismo derecho y que no por ser el más pequeño puede abusar, entonces es cuando él se da cuenta que también tiene sus límites. Éste es un poco el entorno familiar en el que se desarrolla mi hijo.

Cuando él nació, a los cuatro meses nos fuimos a vivir al Brasil por el trabajo de su papá y vivimos allá cinco años, cuando regresamos ingresó a un colegio alemán y solo hablaba portugués, entendía muy poco de castellano, pero a los cuatro meses de estar en el colegio comenzó a hablar y se soltó con una facilidad increíble; siempre fue un niño sociable, alegre, juguetón y feliz. Destacó mucho en resolver problemas de matemáticas desde muy pequeño, incluso aprendió a leer antes que los demás. En el 2do Kindergarten le gustaba organizar los juegos y que los otros niños le obedecieran e hicieran lo que él decía. Mientras fueron muy pequeños todos le obedecían, pero en 1er grado comenzaron los problemas, además cambiaron a los niños de salones y eran otros niños que él no conocía, incluso la profesora también era otra.

Infelizmente esta profesora en vez de ayudarlo lo trabajo abajo, nunca faltan los profesores con pensamientos antiguos o que no tienen paciencia y quieren que los niños obedezcan como borreguitos, como en mis tiempos, que si no obedecías te daban reglazos en las manos y a los chicos les jalaban de las patillas!!! y lo peor es que a los papas les parecía bien!!

Bueno esta nueva profe le tocó en 1er y 2do grado. En 2do grado la cosa se puso peor, ya mi hijo había desarrollado antipatía hacia esa profesora y el sentimiento era mutuo; la profesora tampoco le tenía simpatía porque él no hacía lo que ella quería, incluso a veces hasta lo botaba del salón y él salía cantando en voz baja, como diciéndole si tú me ridiculizas con mis compañeros yo no tengo por qué respetarte. Esta reacción fue quizá porque desde muy pequeño mi forma de educarlo no ha sido prohibiéndole cosas, ni gritándole, sino siempre le daba explicaciones, siempre le decía por qué le pedíamos que no haga tal o cual cosa, no quería que fuera como a mí me educaron.

Mientras mis padres trabajaban duro en provincias a mí me dejaron con mi abuela que me crió a la antigua, y mis hermanas mayores que me llevaban ocho y seis años, y yo las veía como a unas tías, yo quería que mi hijo fuese diferente, que aprenda a razonar con las cosas y que no se deje mandar como un simple soldado, a rajatabla todo le que le dicen!!, por lo que hasta ahora si alguien le pide algo él pide razones y si esas razones son convincentes, él obedece sin chistar; tampoco es un niño atrevido o malcriado, en ese sentido nunca he tenido problemas con él.

En su colegio usan un sistema en el que varios profesores les enseñan desde 1er grado, no es solo un tutor que les enseña todo; cuando estuvo en 1er y 2do grado consulté con otros profesores sobre la conducta de mi hijo y casi todos me dijeron que no tenían problemas con él, que era un niño normal, pero su tutora, era justamente la que le enseñaba Castellano, no lograba entender por qué un niño tan inteligente como él no obedecía sus ordenes, y siempre lo estaba comparando con otros e incluso con las niñas porque estas sí se portaban bien, NO COMO ÉL!!!

Mi hijo sufría mucho a tal punto que llegó a pedirme que lo cambie de colegio, y con todo lo que quería a sus amigos. La directora del colegio incluso hasta le puso matrícula condicional, o sea si ese año sacaba menos de 13 en conducta lo botaban del colegio a pesar de las notas de los cursos, que en ningún caso bajaban de 18 en la libreta.

Durante esos años él ya había estado con tratamientos psicológicos en tres lugares diferentes, pero no veía cambios, hasta que lo llevé a una neuróloga que en la primera cita me dijo que no le parecía que tuviese hiperactividad, pero que tomara otro tratamiento psicológico y que regresara en 3 meses, si después de ese tiempo él no cambiaba entonces había que darle Ritalin. Me pareció una persona muy comercial, no analizó bien a mi hijo, solo le hizo unas pocas preguntas y le pidió que dibujara un cubo, por lo que no me convenció, y continuó con su nuevo tratamiento de terapias pero en un estudio de psicólogos conocidos en San Isidro, que la misma psicóloga del colegio me recomendó, aún así no mejoró mucho, por lo menos no con su tutora que era la que ponía las notas de conducta.

Yo andaba más estresada que nunca, y cada día que iba a recoger a mi hijo al colegio mi cabeza solo pensaba: “Ojalá que hoy no haya tenido ningún problema!! Por favor Diosito apiádate de mí!! “

En fin, lo que hoy parece chiste, en su momento fue muy duro para mí y para mi familia. Pero Dios es grande, alguien me dijo que vea a otro neurólogo y me conseguí datos de dos neurólogos muy conocidos, fui al primero, quién en la primera visita me dijo que no le parecía a simple vista que mi hijo fuera un niño hiperactivo, pero me recomendó una nueva psicóloga que era especialista en determinar si él niño tenía o no hiperactividad.

Hoy puedo decir que yo hacía todo lo que me decían, aunque tuviese que gastar lo que sea, solo quería ver a mi hijo vivir como cualquier otro niño feliz. Esta nueva psicóloga nos ayudó muchísimo, ella fue quien nos hizo entender este problema con los niños, le hizo muchas pruebas, todo como en un mes, y finalmente nos dijo que tenía una inteligencia de 147, lo que quería decir que era más que super inteligente, era UN GENIO, y que debíamos aprovecharlo al máximo porque casos así eran muy pocos. También nos dijo que efectivamente tenía HIPERACTIVIDAD pero no por eléctrico, sino por impulsivo, o sea que él tenía momentos que no pensaba antes de hacer algo, y que simplemente las hacía porque le parecía gracioso, y después cuando lo castigaban o le llamaban la atención se daba cuenta de su error.

Tengo que decir que era verdad, a veces hasta me decía: “Anita (él no me dice mamá, me dice Anita), no sé por qué me porto mal, no entiendo”. Luego con los resultados de la psicóloga regresamos donde el doctor, quién le recetó el tratamiento de Ritalin pero en dosis mínimas que hasta ahora toma. Felizmente hoy ya están aquí las pastillas Concerta que tienen efecto de 12 horas, él toma  a las 7 a.m. y le dura el efecto hasta las 7 p.m.; después de esa hora ya no le damos porque según el doctor le quitaría el sueño y no podría dormir.

Después de un mes aproximadamente comenzamos a ver los cambios, sobre todo en el colegio. Para suerte de nosotros la profesora tutora de 2do grado renunció, tenía muchos problemas con otros niños también y tenía problemas familiares incluso, entonces pusieron otra profesora auxiliar que la reemplazó desde setiembre. Eso más el tratamiento farmacológico, le hizo recuperar a mi hijo su autoestima y terminó el año con 15 en conducta y con un promedio final de 19 en notas de cursos.

Al año siguiente sacó 17 en promedio de conducta, y ahora en cuarto grado tiene 18 y nunca más ha tenido problemas con otro profesor, incluso es líder con sus amiguitos, tiene un grupo que lo estima, lo que como mamá me hace muy feliz.

Después de todos los problemas que vivimos: ¿te imaginas que boten a tu hijo del colegio a los 6 ó 7 años? Cualquiera  que viva una situación como esta se imagina un futuro pésimo para su hijo, envuelto en las drogas y rechazado en otros sitios. Felizmente no fue así, en nuestro caso después de pasar por varios psicólogos, neurólogos y lugares de terapias, llegamos al lugar adecuado y hemos podido ayudar a nuestro hijo, y ha vuelto la paz y tranquilidad a mi hogar. Tanto así que este año mi hijo participó en un concurso de matemáticas interescolar y quedó en 1er puesto, ganando la medalla de oro en su categoría de todos los 4tos grados entre 15 colegios que se presentaron. Fue uno de los momentos más lindos y emocionantes de nuestras vidas, ¡estuvimos allí mi esposo y yo!

Este año ha sido su mejor año, además la directora de primaria del colegio que en un tiempo hasta yo le tenía miedo, hace pocos días se acercó a mi hijo y lo felicitó, le dijo que este año solo había escuchado cosas muy buenas de él, y que siga así para que sea un gran hombre de bien en el futuro. ¡¡uuff!! ¡¡Y yo que la creía una bruja!!

Definitivamente todo en la vida tiene solución, a veces no queremos aceptar que nuestros hijos tienen una deficiencia, y creemos que son perfectos y que los demás son los malos, pero aunque la realidad sea otra, lo importante es ayudarlos y colaborar con especialistas adecuados para el bien de todos, sobre todo de nuestros hijos.

He querido compartir con ustedes esta experiencia para poder ayudar a otras personas que puedan estar como yo y como mi hijo, pues siempre hay una salida para todo cuando realmente la buscamos.

Abrazos, mamá Anita.

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Testimonio aparecido en el boletín electrónico nº 21 del APDA, del 22 de diciembre del 2008.

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