Experiencia profesional con el TDAH

Experiencia profesional con el TDAH

Lic. Virginia Bákula

Todavía recuerdo haber utilizado el término Disfunción Cerebral Mínima, para explicar los motivos por los cuales algunos niños presentaban conductas que trastocaban la tranquilidad, tanto en el aula como en la casa: se trataba de niños “desobedientes, impulsivos, desatentos, inquietos, además de flojos, irresponsables, olvidadizos,” etc.

Hoy en día  utilizamos el término TDA con o sin H, lo que no solamente suena mejor y es más comprensible, sino que facilita el decirles a los padres y maestros que la conducta a la que se refieren cuando describen lo que hacen sus hijos o alumnos  tiene una explicación…y lo más importante es que comprendan que no es “¡porque el chico no se esfuerza…!”.

Reflexionando sobre el tema, me di cuenta de que había tres aspectos que se tenían que enfrentar cuando el “caso” llegaba a nuestras manos:

El diagnóstico preliminar es lo que nos permite hacernos la siguiente pregunta: ¿Tiene este niño (1) TDA, con o sin H, o combinado?

Es necesario explicar e informar a padres y maestros acerca del TDAH.

Hay acciones que se deben tomar

1. Para el diagnóstico preliminar necesitamos información
a. Información dada por los profesores.
b. Información acerca de la historia del desempeño escolar del niño desde que se inicia; esto incluye notas, comentarios, citas, etc.
c. Información dada por los padres incluyendo la Historia Clínica: desde el embarazo a la actualidad. La Historia Familiar de los padres nos aporta datos importantes.

a. Información dada por los profesores
El niño es referido generalmente por el maestro, pues los padres se van acostumbrando a que su hijo sea inquieto, duerma poco, no se canse nunca y los tenga al borde del agotamiento perpetuo.

Si se trabaja en el centro escolar y se puede observar la conducta del niño, puede ser de gran ayuda… pero hoy, los profesionales se remiten a la información dada por profesionales; es decir, se les pide a dos profesores que llenen un inventario, contestando una serie de preguntas relacionadas con conductas que pudieran haber observado en el último mes, especificando si se presentan con mucha frecuencia, con bastante frecuencia, pocas veces o nunca. Por ejemplo: “se levanta de su asiento en la clase“, “no termina las cosas que empieza”.

Esto nos permite identificar si están presentes o no los criterios diagnósticos del DSM-IV para poder recomendar una visita al neurólogo. Con este tipo de cuestionarios se evitan las explicaciones subjetivas o el hacer referencia a causas que no podemos comprobar. Está claro entonces, que lo que se quiere identificar es LA CONDUCTA, si esta se presenta o no, con qué  frecuencia y si perturba el desarrollo de la clase. No hay forma de que se puedan  dar explicaciones  por las  que se presenta la conducta.

b. Información acerca de la historia del desempeño escolar
Si se tiene acceso a las libretas de notas del niño, a los cuadernos de trabajo o a la agenda donde los maestros hayan hecho anotaciones, tendremos una valiosa descripción de conductas y de acciones tomadas (recomiendo la Escala de Calificación Conners para Maestros-Revisada (L). En algunos casos los especialistas envían un cuestionario para que los llenen los profesores).

c. Información dada por los padres
Cuando se cita a los padres para informarles acerca de los problemas que están presentando sus hijos, podemos  tener delante a varios tipos de padres: escépticos o receptivos, difíciles o agradecidos, ansiosos o calmados. Sea cual fuera su postura merecen todo nuestro respeto y debemos demostrarles que somos capaces de ponernos en su lugar para que nos vean como aliados y como mediadores. Es común ver durante la entrevista que hay una especie de competencia entre los padres: quién es más bueno y quién comete más errores, quién es la causa y quién podría poner fin al problema si  lo dejaran. En este caso se procede a aplicar un inventario de conductas (la Escala de Calificación Conners para Padres-Revisada L) —uno para el padre y otro para la madre—, de este modo se evita que se hagan juicios de valor o se busque de qué o de quién depende lo que pasa con el niño.

Es posible que nos demos cuenta —de acuerdo a las características de cada padre— de que se encuentren diferencias en el “puntaje“ que se le da a un ítem. Y muchas veces el puntaje  de “pocas veces” o “no se presenta”, lo da el padre o madre que es demasiado “elástico” o permisivo y que, cuando hacemos la Historia Clínica, resulta que de niño tuvo problemas, que lo cambiaron de colegio o era el más movido de todos, por lo que no considera que levantarse, interrumpir, ser impulsivo, sea un problema…“porque con el tiempo todo se arregla… lo que pasa es que no le tienen paciencia… en la casa no hay problema (pero tampoco hay mucha organización)… a mí no me molesta que sea así, yo era así y ahora estoy bien… sí, es verdad, repetí en primaria… también en la universidad me costó al principio y jalé un par de ciclos… pero era por ocioso… no me gusta leer, me distraigo y me aburre…”. De ahí la importancia de una Historia Familiar detallada y  conocer el estilo de crianza que prima en la casa.

Luego de evaluar las respuestas dadas por ambos padres, pasamos a explicar qué es lo que hemos encontrado en la información dada por el profesor y que hay coincidencia  en muchos puntos con la que ellos nos han dado, concluyendo que lo recomendable sería acudir donde un especialista, es decir un neurólogo, que puede corroborar nuestra presunción diagnóstica.

2. Explicar e informar a padres y maestros acerca del TDAH
Explicar a los padres qué es el TDAH, puede ser  más o menos difícil y dependiendo de cuánta  información previa tengan, es frecuente que digan: “pero nada de pastillas porque me han dicho que los pone sonsos”. Podemos también encontrarnos con creencias muy arraigadas relacionadas con explicaciones con poca o ninguna base científica. Lo que tenemos que lograr es que se interesen en buscar la mayor cantidad de información y orientarlos en la búsqueda de una que sea adecuada.

El libro que  acaba de publicar el Dr. Armando Filomeno: El Niño con Déficit de Atención o Hiperactividad: cómo pasar del fracaso al éxito (2) es muy fácil de leer y responde a  los interrogantes que pudieran plantearse los padres del niño, acerca de lo que es el TDAH, cómo se diagnostica, qué tratamientos son los que están demostrando efectividad, qué efectos secundarios puede tener la medicación, qué pueden esperar en cuanto a la evolución del trastorno, etc.; pero, sobre todo, permite tener un mejor conocimiento del problema, lo que lo vuelve más manejable para los padres porque son capaces de comprender la naturaleza del trastorno.

Otra fuente importante de información es el Boletín electrónico del APDA (Asociación Peruana de Déficit de Atención). También se les puede recomendar que lean los libros de psicólogos  expertos en el tema como el de Barkley (3) o el de Brown (4). En cuanto los padres entienden que un funcionamiento inadecuado de los neurotransmisores afecta “la función ejecutiva” del individuo, todas las conductas  que son problemáticas van encontrando un por qué. Cuando les explico en qué consiste esta “función ejecutiva”, poniendo delante de ellos el libro de Brown abierto en la página en la que este autor explica en qué consiste (5), les pregunto si les gustaría que su hijo haga o sea:

· “Organizado…  que no tengan TODOS los días que decirle que HAGA la tarea”.
· “Que haga lo que tiene que hacer primero, que es cambiarse, comer y luego hacer las tareas… y sólo después, jugar”
· “Que se siente tranquilo… y TERMINE ¡sin que tengan que estar diciéndole que no se mueva hasta que no acabe!”
· “Que haga las cosas con más ganas… porque se toma un tiempo enorme en acabar lo que está haciendo”
· “Que no se moleste por todo…¡siempre está fastidiado… no tolera nada!”
· “¡¡¡No tener que repetirle lo mismo todo el tiempo!!!, porque si no le dicen parece como si fuera la primera vez que está haciendo eso”
·  “¡¡¡Que se acuerde de las cosas!!!”
· “Que termine lo que empieza”
· “Que haga una cosa a la vez… y bien hecha”
· “Que no sea pleitista… y demandante“
· “¡¡¡¡¡¡Que NO interrumpa !!!!!!”
· “Que empiece a hacer las cosas por sí mismo, sin que nadie lo supervise… se le pasa el tiempo sin hacer lo que debe”
· “Que sea un niño feliz y satisfecho con sus logros”
· ¡… y muchos etcétera más!

La respuesta —a las preguntas precedentes— es, por supuesto, un SÍ rotundo!

Muchas veces después de plantearles “lo que podría ser el niño ideal”, les digo que lo perfecto no existe, pero que el problema de su hijo está descrito “aquí”, ya que el TDAH afecta la capacidad de poner en marcha todas aquellas funciones que se relacionan con  la capacidad de “activarse”, es decir, dar inicio a una acción, sabiendo por dónde comenzar; concentrarse en una tarea y mantener el esfuerzo; regular su capacidad de procesamiento; ser más tolerantes a la frustración y por lo tanto emocionalmente equilibrados; tener capacidad de utilizar su memoria de trabajo, que es el cómo se hace algo, recordando los procedimientos o retener lo que se acaba de leer; y por último, ser capaces de manejar su vida, de inhibir conductas e impulsos y de empezar a ser autónomos, asumiendo sus responsabilidades de acuerdo a lo que corresponde a cada edad.

Comprender esto es fundamental, pues se tiene que entender que NO ES QUE EL NIÑO NO QUIERA, es que NO PUEDE… y que necesita ayuda.

Muchas veces un niño que no ha sido atendido por el TDAH, termina siendo atendido por  los efectos emocionales que van apareciendo al sentirse rechazado, con la consiguiente baja autoestima, abandono del esfuerzo, dificultad para fijarse metas y cumplirlas e incapacidad de satisfacer las expectativas de sus padres y de las personas importantes para ellos.

3. Acciones que se deben tomar
El paso siguiente es orientar a los padres en la búsqueda de una solución, con un “nada se pierde intentándolo…”, y esto significa referirlos a un neurólogo experto en el tema.

Después se verá, dependiendo de cada caso, qué otra ayuda necesita el niño, por eso el trabajo multidisciplinario es muy importante ya que el tema no se resuelve solamente con la medicación, sino que en la casa se deben dar cambios  en el manejo de la conducta del niño con TDAH: los padres tiene que aprender mucho acerca de qué deben o no deben hacer, cómo establecer y hacer cumplir normas.

Muchas veces es necesario que el niño reciba terapia conductual, en la que participen los padres y los maestros. Los padres deben “aprender” cómo criar o educar a su hijo, cómo lograr que modifique ciertas conductas, cómo usar el refuerzo positivo (dar) o negativo (quitar).

Siempre insisto en que lo mejor que los padres pueden hacer para ayudar a su hijo es, primero que nada, buscar información, pero que sea bien fundamentada, que no se dejen llevar por rumores, ni que esperen que todas las personas que están a su alrededor vayan a apoyar sus decisiones, como la de dar medicación si deciden hacerlo.

A los maestros  también hay que orientarlos en la forma de relacionarse con los niños que tienen TDAH, pues estos niños, más que críticas necesitan comprensión, confianza, reconocimiento, apoyo y mucho cariño, trabajando junto con los padres buscando orientación de los  especialistas en el manejo conductual.

El folleto que ha publicado APDA es muy útil para los maestros pues explica bien en qué consiste el TDAH, además de dar pautas para manejar al niño en el aula (6).

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Virginia Bákula de Idiáquez es una reconocida psicóloga educacional. Correo electrónico: vbakula@terra.com.peEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Artículo aparecido en el boletín electrónico n.º 15 del APDA, del 25 de marzo del 2007.

Referencias:
(1) En este artículo las palabras niño, maestro, etc. comprenden ambos géneros.
(2) Armando Filomeno. El Niño con Déficit de Atención o Hiperactividad: cómo pasar del fracaso al éxito. Lima:
Centro Editorial de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, 2006.
(3) Russell A. Barkley. Taking Charge of ADHD. New York: Guilford Press, 2000 (Niños hiperactivos. Barcelona: Paidós, 2002).
(4) Thomas E. Brown. Attention Deficit Disorder. The Unfocused Mind in Children and Adults. London: The Yale University Press, 2005.
(5) Ídem p. 22.
(6) Beatriz Duda y otros. Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Estrategias para el aula. Lima: Asociación Peruana de Déficit de Atención, 2006.

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