De un brillante adolescente de 15 años

De un brillante adolescente de 15 años

GRACIAS AL TDAH

Sí, esa es la verdad, gracias al TDAH. Esa es mi única verdad; mucha gente cree que si en un chico se descubre el TDAH, el pobre muchacho va a sufrir en la vida porque no va a poder desenvolverse con éxito en el mundo social, personal y laboral. Que lo van a tener que matricular en una escuela para chicos especiales porque el “pobre chico” no va a poder con un colegio normal. Eso es lo que piensa la mayoría de gente a la que se le pregunta sobre “esta, mi gran virtud” ( el TDAH). La mayoría de esta gente no tiene la más mínima idea de lo que es esto, muchos dicen que es un problema mental, un desorden en el cerebro o que prácticamente es un retraso mental sin posibilidad de recuperarse y es en esos momentos en los que me digo a mí mismo: “El mundo es ignorante y su gente no esta preparada para mí”, y lo digo de corazón. Entonces, para aclararles el panorama a todos he decidido escribir mi historia, mi trastorno, mi don y comenzaré con mi primer (y hasta este momento único) gran reto: El Colegio.

Nací en Acapulco, Estado de Guerrero, en México. Viví muy poco tiempo allí pues luego me mudé al D.F. (Distrito Federal) donde viví hasta los 7 años. Luego me vine al Perú en donde hasta el día de hoy resido. Me matricularon en el colegio Alpamayo (gracias a Dios) y fue ahí en donde comenzaron las primeras manifestaciones de mi don, que hasta el día de hoy me han traído y traen muchos problemas. Yo era el típico niño que no se podía quedar sentado más de dos minutos en su sitio y gracias a eso me gané más de una llamada de atención y ni que decir de los dolores de cabeza que le daba a mi madre, pues era un chico de conducta muy baja y de un promedio académico bueno (no se hagan muchas ilusiones, siempre he estado en el promedio).

Mis padres y profesores no se imaginaban qué era lo que yo tenía y la verdad es que no se detenían mucho a pensar en ello, pues supongo que lo tomaban como algo normal en un chico de mi edad, tal vez un poco movido pero nada más. Como mi padre es exactamente igual a mí (el también tiene el don, pero obviamente en su época aún no se descubría este don), él tranquilizaba a todo el mundo diciendo que ya me pasaría, que era solamente un niño movido. El hecho es que pasaban los años y no me pasaba, sino que cada vez se hacia más evidente mi incapacidad para permanecer inmóvil en mi lugar, lo cual no agradaba a muchos de mis maestros ni a mis padres que estaban llegando al límite de su paciencia con las “anotaciones” (que eran malos reportes de mi comportamiento en clase, algo que no era muy serio si te mandaban solo una, dos, tres o hasta cinco anotaciones, pero en mi caso las anotaciones llegaban en cantidades), pues eran ellos los que tenían que firmarlas.

Así continuó mi vida hasta que en cuarto grado de primaria la situación se tornó un poco más difícil y yo era el peor en conducta y el “punto” de todos los profesores, fue ahí cuando el psicólogo del colegio le recomendó a mi madre llevarme a un neurólogo, el cual le recomendó a una psicóloga, la misma que recomendó llevarme a otro neurólogo, después de seguir todos los consejos fuimos a parar al consultorio del neurólogo que detecto con rapidez mi “don” y le explicó con lujo de detalles a mi madre de qué se trataba. Él le dijo que no era un tumor en el cerebro, ni un trauma mental ni mucho menos un retraso mental; le dijo que se trataba de un trastorno llamado Déficit de Atención con Hiperactividad, que en buen castellano quería decir que yo no podía estar quieto en una silla, que era muy propenso a perderme en medio de una clase de matemáticas (no les recomiendo que se guíen por este síntoma pues conozco a muchos chicos de mi edad que se “pierden” en todas las clases y no tienen mi don, a todo aquel que le aburran las matemáticas no es porque esté bendecido con este regalo de Dios, yo creo que más bien está ligado a la holgazanería) y que era más difícil para mí sentarme a entender y a estudiar algún curso porque los dos últimos síntomas (la hiperactividad y la constante distracción) me hacen más difícil esta tarea.

Una vez que mi madre entendió lo que me ocurría, procedió a contármelo y sorprendentemente no fue ningún gran descubrimiento para mí, pues obviamente yo era el que experimentaba día a día aquello y lo único que me llamó la atención fue el nombre, que como cualquier otro nombre científico cuando te lo dicen por primera vez pides que te lo vuelvan a decir más despacio y explicando qué quiere decir cada palabra. El hecho es que cuando mi madre terminó con su presentación, me dijo que lo mío era más sencillo de lo que su nombre aparentaba y que tenía solución (yo prefiero decir: que se puede controlar); lo único que tenía que hacer todos los días aparte de levantarme, vestirme, tender mi cama, desayunar, ir al colegio, regresar de él, estudiar y dormir; era que en el lapso de tiempo que había entre el desayuno e ir al colegio debía tomar una minúscula pastilla, color blanco. Obviamente la pastilla sola no hacía milagros, yo tenía que poner mucho de mi parte para lograr un autocontrol; con estas dos cosas santo remedio, mi don estaba controlado.

Ahora que ya les conté los aspectos negativos de mi don pasaré a contarles los aspectos positivos de este, que son muchos y muy útiles. Comencemos por la capacidad de controlar situaciones, me explico: son muchas las ocasiones en que uno tiende a meterse en problemas y si no fuera por la capacidad de analizar rápidamente la situación, de controlar mis emociones (la adrenalina) —esto es propio de mi don—, habría recibido el doble de castigos de los que he tenido. Mi agilidad mental y la tranquilidad suficiente para que si en algún momento las cosas no salen como uno esperaba, tener la capacidad de no hacer o decir alguna insensatez que te puede costar caro. Es la agilidad mental un aspecto positivo que tenemos y que en la mayoría de las personas escasea.

Otro aporte a la humanidad es la capacidad de saberte desenvolver bien en cualquier circulo social, es decir, la capacidad de hacer amigos, de agrandar la lista de contactos; actualmente esto vale mucho para enfrentar una situación laboral. A diferencia de mucha gente no tengo temor o tengo la suficiente confianza en mí mismo para poder entrar en cualquier grupo nuevo, cualidad que a mucha gente de mi edad le falta; agallas de presentarme ante personas desconocidas con confianza y de una forma amena.

Otro aspecto positivo es el saber hablar cuando tengo que hablar y el saber escuchar cuando tengo que escuchar, esto es un don que actualmente en mi adolescencia y como hombre me ayuda ante las mujeres. Creo que no tengo que hacerles recordar que a todas las mujeres les encanta hablar y a los hombres no les agrada mucho escuchar, por ello saber escuchar y escuchar los detalles mínimos que las mujeres o cualquier persona dice es importante.

Otro detalle es saber hablar, ahora, cuando yo digo saber hablar no me refiero al hablar normal, me refiero a un hablar apropiado acorde a la situación y a la persona; como son por ejemplo, el saber hablar frente a una mujer o saber hablar en una cita de trabajo o una reunión social, saber hablar pensando. En resumen, todo gira alrededor de la agilidad mental tan impresionante que el TDAH trae consigo. Todos son miles de detalles que a fin de cuentas hacen al hombre lo que el hombre es.

Y obviamente para que cada uno de estos detalles funcione lo primero que tenemos que hacer es controlar nuestro don, de lo contrario puede ser contraproducente. Una de las cosas que más me ha ayudado para controlar este don en los tres últimos mes ha sido el Coaching, que ayuda una enormidad a manejar los tiempos y a prestar atención a esos detalles mínimos que pueden hacer que nuestro rendimiento llegue a ser el mejor.

Y ya para concluir cierro con lo que empecé: “Gracias al TDAH” soy ahora lo quiero ser y voy a ser lo que yo quiera ser; no hay nadie que me pueda detener. Ahora puedo aprovechar este don que para muchos ha sido siempre un mal para mí es una bendición.  Como dije al principio, pienso que el mundo aun no está listo para mí y es por eso por lo que me esfuerzo, pues cuando el momento llegue y el mundo siga igual, no voy a ser yo el que se acomode al mundo, va a ser el mundo el que se va a tener que acomodar como pueda cuando tenga que chocar conmigo.

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Testimonio aparecido en el boletín electrónico n.º 10 del APDA, del 15 de diciembre del 2005.

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