Testimonios

De Anita

Anita, mamá de un niño superdotado que tiene TDAH, nos cuenta sobre los buenos resultados del tratamiento.

Mi hijo siempre ha sido un niño muy activo, ojo no HIPERACTIVO, como estamos acostumbrados a ver a los niños super inquietos que se paran, no pueden estar mucho tiempo en su sitio, juegan todo el tiempo y parecen eléctricos, como si los hubieran conectado con pilas Duracell!!

Mi hijo no era, ni es así, pero nunca puede estar sin hacer nada, simplemente descansando o haciendo una siestecita después de almuerzo por ejemplo, él no puede hacer nada de esto; cuando llega del colegio se toma su HORA LIBRE como él la llama y hace lo que desea, puede jugar en la computadora, chatear, jugar con el Nintendo Wii, o con el DS (nintendo de doble pantalla), o con el PSP (play station portátil), o leer un libro.

Le gustan los libros de Harry Potter, lee mucho, este año se propuso leer la saga completa de H. Potter y lo consiguió, cosa que me hace feliz porque siempre lo he incentivado a la lectura; incluso ya es costumbre en nosotros, cuando vamos al cine después entramos a Crisol y compramos un libro para cada uno, es algo así como cuando vas al Chifa y pides Inka Kola!!ja!ja!

A veces en su hora libre simplemente pone sus CDs de Naruto que le encantan (es una serie japonesa), en fin termina su hora y recién va a almorzar; esto es un acuerdo entre los dos, porque me di cuenta que cuando llega del colegio no tiene hambre y es un martirio para que coma toda la comida, pero si espero una hora ya no tengo problemas y come rápido y tranquilo, por lo menos ahora que está con el tratamiento. A veces pienso que quizá sea la pastilla la que le quita un poco el apetito porque después de las 7 p.m. le da mucha hambre y pide su lonche, a veces hasta se prepara algo en la cocina, pero no me preocupo porque está en su peso normal y es uno de los niños más altos del salón, tiene 1.48 de estatura y pesa 45 kilos y solo tiene 10 años, el próximo año entra a 5to grado y con muy buenas notas, las mejores de su clase.

Mi hijo es un niño prácticamente único, mi esposo tiene tres hijos de su primer matrimonio pero ya tienen 31 años la mayor, 27 el segundo y 23 el último, ahora dos de ellos viven con nosotros y ambos ya son profesionales y trabajan, lo que es un buen ejemplo para mi hijo y me alegra. Ellos también son chicos educados y buenos, quieren a su hermanito, cada uno a su manera, a veces lo fastidian, le juegan, lo persiguen, etc. y lo corrigen cuando comente algún error, pero siempre con respeto.

Su papá y yo siempre le hemos fomentado que quiera a sus hermanos, porque son su familia más cercana y hasta el día de hoy puedo decir que lo hemos logrado, él adora a sus hermanos, pero por la diferencia de edades es casi como si fuera hijo único, es el más engreído por todos, aunque a veces él quiere el pedazo de panetón o el helado más grande y lógicamente los hermanos se encargan de ponerlo en su sitio y le hacen ver que todos tenemos el mismo derecho y que no por ser el más pequeño puede abusar, entonces es cuando él se da cuenta que también tiene sus límites. Éste es un poco el entorno familiar en el que se desarrolla mi hijo.

Cuando él nació, a los cuatro meses nos fuimos a vivir al Brasil por el trabajo de su papá y vivimos allá cinco años, cuando regresamos ingresó a un colegio alemán y solo hablaba portugués, entendía muy poco de castellano, pero a los cuatro meses de estar en el colegio comenzó a hablar y se soltó con una facilidad increíble; siempre fue un niño sociable, alegre, juguetón y feliz. Destacó mucho en resolver problemas de matemáticas desde muy pequeño, incluso aprendió a leer antes que los demás. En el 2do Kindergarten le gustaba organizar los juegos y que los otros niños le obedecieran e hicieran lo que él decía. Mientras fueron muy pequeños todos le obedecían, pero en 1er grado comenzaron los problemas, además cambiaron a los niños de salones y eran otros niños que él no conocía, incluso la profesora también era otra.

Infelizmente esta profesora en vez de ayudarlo lo trabajo abajo, nunca faltan los profesores con pensamientos antiguos o que no tienen paciencia y quieren que los niños obedezcan como borreguitos, como en mis tiempos, que si no obedecías te daban reglazos en las manos y a los chicos les jalaban de las patillas!!! y lo peor es que a los papas les parecía bien!!

Bueno esta nueva profe le tocó en 1er y 2do grado. En 2do grado la cosa se puso peor, ya mi hijo había desarrollado antipatía hacia esa profesora y el sentimiento era mutuo; la profesora tampoco le tenía simpatía porque él no hacía lo que ella quería, incluso a veces hasta lo botaba del salón y él salía cantando en voz baja, como diciéndole si tú me ridiculizas con mis compañeros yo no tengo por qué respetarte. Esta reacción fue quizá porque desde muy pequeño mi forma de educarlo no ha sido prohibiéndole cosas, ni gritándole, sino siempre le daba explicaciones, siempre le decía por qué le pedíamos que no haga tal o cual cosa, no quería que fuera como a mí me educaron.

Mientras mis padres trabajaban duro en provincias a mí me dejaron con mi abuela que me crió a la antigua, y mis hermanas mayores que me llevaban ocho y seis años, y yo las veía como a unas tías, yo quería que mi hijo fuese diferente, que aprenda a razonar con las cosas y que no se deje mandar como un simple soldado, a rajatabla todo le que le dicen!!, por lo que hasta ahora si alguien le pide algo él pide razones y si esas razones son convincentes, él obedece sin chistar; tampoco es un niño atrevido o malcriado, en ese sentido nunca he tenido problemas con él.

En su colegio usan un sistema en el que varios profesores les enseñan desde 1er grado, no es solo un tutor que les enseña todo; cuando estuvo en 1er y 2do grado consulté con otros profesores sobre la conducta de mi hijo y casi todos me dijeron que no tenían problemas con él, que era un niño normal, pero su tutora, era justamente la que le enseñaba Castellano, no lograba entender por qué un niño tan inteligente como él no obedecía sus ordenes, y siempre lo estaba comparando con otros e incluso con las niñas porque estas sí se portaban bien, NO COMO ÉL!!!

Mi hijo sufría mucho a tal punto que llegó a pedirme que lo cambie de colegio, y con todo lo que quería a sus amigos. La directora del colegio incluso hasta le puso matrícula condicional, o sea si ese año sacaba menos de 13 en conducta lo botaban del colegio a pesar de las notas de los cursos, que en ningún caso bajaban de 18 en la libreta.

Durante esos años él ya había estado con tratamientos psicológicos en tres lugares diferentes, pero no veía cambios, hasta que lo llevé a una neuróloga que en la primera cita me dijo que no le parecía que tuviese hiperactividad, pero que tomara otro tratamiento psicológico y que regresara en 3 meses, si después de ese tiempo él no cambiaba entonces había que darle Ritalin. Me pareció una persona muy comercial, no analizó bien a mi hijo, solo le hizo unas pocas preguntas y le pidió que dibujara un cubo, por lo que no me convenció, y continuó con su nuevo tratamiento de terapias pero en un estudio de psicólogos conocidos en San Isidro, que la misma psicóloga del colegio me recomendó, aún así no mejoró mucho, por lo menos no con su tutora que era la que ponía las notas de conducta.

Yo andaba más estresada que nunca, y cada día que iba a recoger a mi hijo al colegio mi cabeza solo pensaba: “Ojalá que hoy no haya tenido ningún problema!! Por favor Diosito apiádate de mí!! “

En fin, lo que hoy parece chiste, en su momento fue muy duro para mí y para mi familia. Pero Dios es grande, alguien me dijo que vea a otro neurólogo y me conseguí datos de dos neurólogos muy conocidos, fui al primero, quién en la primera visita me dijo que no le parecía a simple vista que mi hijo fuera un niño hiperactivo, pero me recomendó una nueva psicóloga que era especialista en determinar si él niño tenía o no hiperactividad.

Hoy puedo decir que yo hacía todo lo que me decían, aunque tuviese que gastar lo que sea, solo quería ver a mi hijo vivir como cualquier otro niño feliz. Esta nueva psicóloga nos ayudó muchísimo, ella fue quien nos hizo entender este problema con los niños, le hizo muchas pruebas, todo como en un mes, y finalmente nos dijo que tenía una inteligencia de 147, lo que quería decir que era más que super inteligente, era UN GENIO, y que debíamos aprovecharlo al máximo porque casos así eran muy pocos. También nos dijo que efectivamente tenía HIPERACTIVIDAD pero no por eléctrico, sino por impulsivo, o sea que él tenía momentos que no pensaba antes de hacer algo, y que simplemente las hacía porque le parecía gracioso, y después cuando lo castigaban o le llamaban la atención se daba cuenta de su error.

Tengo que decir que era verdad, a veces hasta me decía: “Anita (él no me dice mamá, me dice Anita), no sé por qué me porto mal, no entiendo”. Luego con los resultados de la psicóloga regresamos donde el doctor, quién le recetó el tratamiento de Ritalin pero en dosis mínimas que hasta ahora toma. Felizmente hoy ya están aquí las pastillas Concerta que tienen efecto de 12 horas, él toma  a las 7 a.m. y le dura el efecto hasta las 7 p.m.; después de esa hora ya no le damos porque según el doctor le quitaría el sueño y no podría dormir.

Después de un mes aproximadamente comenzamos a ver los cambios, sobre todo en el colegio. Para suerte de nosotros la profesora tutora de 2do grado renunció, tenía muchos problemas con otros niños también y tenía problemas familiares incluso, entonces pusieron otra profesora auxiliar que la reemplazó desde setiembre. Eso más el tratamiento farmacológico, le hizo recuperar a mi hijo su autoestima y terminó el año con 15 en conducta y con un promedio final de 19 en notas de cursos.

Al año siguiente sacó 17 en promedio de conducta, y ahora en cuarto grado tiene 18 y nunca más ha tenido problemas con otro profesor, incluso es líder con sus amiguitos, tiene un grupo que lo estima, lo que como mamá me hace muy feliz.

Después de todos los problemas que vivimos: ¿te imaginas que boten a tu hijo del colegio a los 6 ó 7 años? Cualquiera  que viva una situación como esta se imagina un futuro pésimo para su hijo, envuelto en las drogas y rechazado en otros sitios. Felizmente no fue así, en nuestro caso después de pasar por varios psicólogos, neurólogos y lugares de terapias, llegamos al lugar adecuado y hemos podido ayudar a nuestro hijo, y ha vuelto la paz y tranquilidad a mi hogar. Tanto así que este año mi hijo participó en un concurso de matemáticas interescolar y quedó en 1er puesto, ganando la medalla de oro en su categoría de todos los 4tos grados entre 15 colegios que se presentaron. Fue uno de los momentos más lindos y emocionantes de nuestras vidas, ¡estuvimos allí mi esposo y yo!

Este año ha sido su mejor año, además la directora de primaria del colegio que en un tiempo hasta yo le tenía miedo, hace pocos días se acercó a mi hijo y lo felicitó, le dijo que este año solo había escuchado cosas muy buenas de él, y que siga así para que sea un gran hombre de bien en el futuro. ¡¡uuff!! ¡¡Y yo que la creía una bruja!!

Definitivamente todo en la vida tiene solución, a veces no queremos aceptar que nuestros hijos tienen una deficiencia, y creemos que son perfectos y que los demás son los malos, pero aunque la realidad sea otra, lo importante es ayudarlos y colaborar con especialistas adecuados para el bien de todos, sobre todo de nuestros hijos.

He querido compartir con ustedes esta experiencia para poder ayudar a otras personas que puedan estar como yo y como mi hijo, pues siempre hay una salida para todo cuando realmente la buscamos.

Abrazos, mamá Anita.

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Testimonio aparecido en el boletín electrónico nº 21 del APDA, del 22 de diciembre del 2008.

De la mamá de Juan Daniel

Quisiera compartir en unas líneas la historia de Juan Daniel mi hijo de 6 años, un niño con TDAH.

Todo empezó a los 3 años cuando ingresó al nido cerca de la casa, con 26 niños por aula. La profesora me cita al mes y medio y me comenta que Juan Daniel es inquieto, no está tranquilo en el salón y no presta la atención adecuada cuando ella habla, y me sugiere que sea evaluado por un psicólogo.

Recibió una evaluación psicológica, pero justo coincidió con el nacimiento de su hermanito, por lo cual el especialista determinó que su comportamiento se debía a la adaptación a un nuevo miembro en el hogar, y nos sugirió bastante atención, afecto y paciencia con él.

Pero yo veía que el rendimiento escolar no era bueno, cada vez que le decía para realizar las tareas en casa se fastidiaba, prefería jugar. Termino así los 3 años y siguió en el mismo nido los 4 años, pero fue aquí donde empezaron los problemas más serios, pues Juan seguía inquieto la profesora no podía manejar ese problema en vez de ayudarlo con paciencia, empezó a utilizar el estímulo negativo, todos los días en clases. Juan Daniel me contaba que la profesora decía delante de todos sus compañeros: “Juan no sabe pintar,” “Juan no sabe recortar”, y en las tardes cuando me sentaba con él para realizar las tareas del colegio, él contestaba: “Mamá  yo no sé pintar, no puedo, no me sale nada bien”.

Pues fui al colegio a conversar con la profesora sobre lo acontecido y ella negó todo, a pesar de que existían muchas  madres como testigos, porque cuando acudían a recoger a los niños la profesora entregaba la mochila y lonchera de cada familiar y hacía comentarios. Cuando la nana de mi hijo llegaba a recogerlo le decía fuerte delante de todos los padres: “Dile a su mamá que Juan no ha querido pintar ni recortar, no ha hecho nada en todo el día, se ha portado mal”.

Me empecé a preocupar más, pues Juan me decía que ya no quería ir a ese colegio que si el otro año lo volvía a poner allí, no iba a ir.

Pues decidí buscar ayuda especializada para Juan y me enteré de un centro especializado, lo llevé y recibió la evaluación por el neuropediatra quien me indicó que necesitaba tres tipos de terapia: terapia ocupacional, senso-perceptual y de lenguaje porque no pronunciaba ciertos fonemas. Empezó con las terapias y estuvo en ellas cerca de seis meses, mejoró un poco su tolerancia en cuanto a ordenes y algunas actividades rutinarias.

Cuando empezó los 5 años en un nuevo colegio con solo 10 alumnos por aula, la profesora me comenta del problema de autoestima de Juan Daniel, sus negaciones a realizar actividades con las palabras: “No puedo, no sé hacer nada”, pero poco a poco la profesora fue cambiando eso con estímulos positivos y premios, hasta que Juan Daniel se empezó a sentir bien en el aula, pero el problema de desatención en el aula seguía presente a pesar de las terapias. Averigüé si realizaban terapias para atención y concentración y me dijeron que sí,  primero debería ser evaluado por la psicóloga, y fue así lo hice evaluar por la psicóloga  del centro en 5 oportunidades quien determinó que tenía problemas de déficit de atención y que requería terapias, pues entonces comenzaron las  terapias de atención, estuvo cerca de 6 meses de terapias pero no mejoró, y es más la terapia que recibía de lenguaje tampoco lo ayudaba, y decidí ya no enviarlo más al centro.

Así pasó a 1er grado en el mismo colegio pensando que le iría bien, pero no fue así, había ya 28 niños en el aula, y el colegio tiene la metodología pre-universataria, no les interesaba si el niño no se encontraba al ritmo de los demás, y fue allí donde se empeoraron las cosas, la  frustración de Juan Daniel ocasionó cambios en el estado de ánimo, se molestaba a la hora que tenía que hacer el trabajo escolar y la profesora en el colegio me reportaba que no escribía, se distraía a cada momento.

Ahora tenía varios problemas acumulados, el lenguaje que no mejoraba, el aprestamiento en el colegio y debido a la poca atención. Cuando gracias a una amiga con la que trabajo me enteré de otro centro, y fue evaluado y empezó las terapias pero por la demanda solo alcance horario para 2 meses, y le fue bien, ahora vocaliza mucho mejor aunque todavía tiene algunas deficiencias para ciertos fonemas.

Esta amiga también me recomendó la evaluación con un neuropediatra, que trata a su hija con el mismo problema que mi hijo, y fue así que decidí llevarlo a que lo evalué, esperé con ansias el día de la consulta pues me había leído ya un libro sobre el tema y solo leyendo pude comprender realmente el problema que tiene mi hijo.

Ahora ya inició la medicación y espero se adapte y tengo mucha fé y esperanza que lo ayude para que mejore su rendimiento escolar, ya que se encuentra en otro colegio con 15 alumnos por aula.

Quisiera hacer un pequeño comentario, pues en nuestro país no se conoce mucho acerca del TDAH, sobre todo en las escuelas las profesoras no están informadas del tema y no saben cómo manejar a estos niños y a quién derivarlos para una evaluación, existen instituciones que brindan el servicio de terapias y evaluaciones, pero al parecer no están de acuerdo con la medicación, pues si el niño se medica dejaría de repente de ir a sus terapias, pero están haciéndole un daño a los niños y a la vez negándoles la oportunidad de cambiar a un estilo de vida más favorable y superar sus dificultades.

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Testimonio aparecido en el boletín electrónico nº 20 del APDA, del 30 de septiembre del 2008.

Reflexiones de una maestra sobre el reconocimiento, diagnóstico y tratamiento del TDAH

Sheila Moody

Decidí seguir mi vocación de maestra hace exactamente 20 años y, créanme, no me arrepiento de ello; cada día que vivo disfruto lo que hago, pero si miro hacia atrás puedo darme cuenta de cuánto han cambiado las cosas, especialmente la visión y la misión que tenemos las maestras. Hoy en día nos enfocamos más en ser formadoras de vidas, no solamente a nivel cognitivo sino de seres en quienes debemos aprender a reconocer sus grandes habilidades… en ese camino me encuentro. Hoy quiero contarles mi testimonio a aquellas maestras que se inician y a aquellas que aún no saben quiénes nos necesitan, de verdad, en esta gran labor. Deseo ayudarlas a aprender a ver los pequeños detalles de los grandes detalles.

Cuando me inicié como maestra de educación inicial, era inexperta… me di cuenta de que uno aprende en el aula al lado de los niños… ellos son los que te enseñan. Recuerdo una anécdota: le pedí y exigí a la directora tener pocos niños en el aula. Pero además de eso, deseaba escoger a “los mejores”, claro está, para no tener mayores dificultades; siempre había uno que otro niño que daba más trabajo. Sin embargo, mi aspecto físico imponía respeto, me miraban de abajo hacia arriba y mi voz  era un gran recurso.

Luego fueron pasando los años y me di cuenta de que algunos de los niños que ingresaban a colegios muy conocidos retornaban a nosotros, pues no se acostumbraban a ese ritmo, sus problemas eran generalmente la conducta y el no rendir académicamente. Los padres regresaban por ayuda… preguntaban qué pasaba. En esas conversaciones que las maestras solemos tener al finalizar las labores diarias, comentábamos lo tremendo del día, cada vez nos sentíamos más cansadas, cada vez con mayores dificultades y, bueno, la culpa por supuesto la atribuíamos a los padres, al no poner límites, al no dedicarles suficiente tiempo a sus hijos. Iba en aumento el numero de niños que derivábamos a la psicóloga, pero no había avances y nosotras queríamos ver soluciones prontas.

En la institución donde trabajo, hace ya bastantes años que se abrió la primaria con una línea de enseñanza personalizada, y la mayoría de padres que a ella acudían, buscaban colegio para cambiar a sus hijos porque lo sugerían las maestras, quienes les decían que nosotros recibíamos niños con dificultades. Estos alumnos postulaban, pasaban la prueba de ingreso, académicamente no estaban mal, pero en el día a día nos dábamos cuenta de que los maestros terminábamos estresados, y muchos de los alumnos acababan agotados sin lograr resultados positivos.

Fue el año pasado que al matricularme en una especialización en modificación de conducta —a la cual le debo mucho— pude escuchar que esta situación era muy frecuente. La experiencia de nuestros profesores logró abrir la mente de muchas de nosotras. Allí escuché por primera vez el término del TDAH y comprendí tantas cosas que se relacionaron con mi experiencia de maestra. Una vez una profesora de la universidad nos dijo: nunca  empleen el término hiperactividad cuando se refieran a un niño inquieto, esto solamente puede ser definido por especialistas. ¿Pero qué especialistas?… me preguntaba…  y ahí quedó, pero no volví a emplear  el término.

De esta especialización, lo que más recordé fue el término hiperactividad y lo asocié a tantos… pero tantos alumnos que tuve y que tengo… especialmente a uno de ellos. Carlos, un niño de sexto grado que acababa de ingresar al colegio era impresionantemente inquieto, no podía permanecer ni un solo instante en su sitio, interrumpía la clase pues hablaba y hablaba, sus cuadernos eran totalmente desordenados, se olvidaba mil veces de sus cosas, en realidad no sabíamos cómo estudiaba. Sin embargo, era tremendamente hábil, cada vez que le preguntaban algo respondía bien… y sin  tener ningún apunte. Sus compañeros lo veían como un niño extraño, pero lo querían por su gran habilidad para actuar y hablar en público; increíblemente, captaba la atención de todos.

Fue entonces que me llegó una ficha de la psicóloga que estaba viendo a Carlos… la actual, pues había tenido muchas… había cambiado de muchos colegios. Recuerdo la ficha, hacía preguntas sobre características acerca de su conducta en el aula, por ejemplo si permanecía sentado o no, en realidad lo describía totalmente. Hoy Carlos ya no está con nosotros, sus papás se decidieron por un colegio grande… pero sé que Carlos nos extraña. Sé que Carlos tiene TDAH pero su papá no quiere medicarlo.

A los pocos meses el tema del TDAH nos llamó muchísimo la atención a mi hermana, educadora también, y a mí. A ella le debo su gran experiencia, ella fue quien indagó sobre el APDA y juntas recibimos el curso de coaching para el TDAH dirigido a padres y profesionales.

Repetirles con palabras lo que vivimos… créanme, si pudiéramos hacerlo lo haríamos… mis sentidos se agudizaron… y sobre todo mis sentimientos, el escuchar tan valiosa información, y sobre todo el escuchar los testimonios de padres de niños con TDAH que se preguntaban ¿dónde están los verdaderos maestros?… estamos cansamos de las amonestaciones, de las notas en la agenda… es algo tormentoso.

Me sirvió para darme cuenta de mi actual misión, y se los agradezco. Soy madre y quisiera que a mi hija la comprendieran con sus diferencias pero resaltando lo valioso que tiene… a ella y a muchos más no quisiera verlos etiquetados como niños problema sino que se produjera una maravillosa alquimia que convirtiera el plomo en oro. Les agradezco a aquellas familias que me ayudaron a sensibilizarme aun más y a aprender a mirar con los ojos del alma.

Este testimonio  es  para ustedes, maestras y maestros de vocación, pues tenemos la gran responsabilidad de aprender a actuar con amor. Hoy que me dedico junto a mi hermana a ser terapeuta en modificación de conducta y que realizamos talleres de habilidades sociales, podemos decirles que muchos maestros quieren ver resultados inmediatos. Imposible, todo toma su tiempo y se necesita un esfuerzo en común.

Los invito a sensibilizarnos, a asumir el reto y a hacer un acompañamiento a las familias de nuestros alumnos… aquellos que realmente nos necesitan… a darnos cuenta de que no solo la psicóloga debe encargarse de ello. Los invito a ser observadores agudos y a lograr un acercamiento con las familias… a lograr que nuestros alumnos sean derivados a profesionales capaces: psicólogos, neurólogos… que lleguen a un pronto y correcto diagnóstico, porque los maestros no podemos hacer diagnóstico, solo podemos observar y derivar. Es un tema que debemos tratar con sumo cuidado.

Luego debemos comprometernos, en base a las pautas dadas por los especialistas… debemos formar un equipo multidisciplinario, comprometiendo a nuestros directivos a realizar reuniones mensuales de trabajo, evaluando el trabajo docentes, padres y terapeutas, proponiéndonos metas nuevas mes a mes. De este modo podremos colaborar con los padres en la difícil decisión de la medicación… decisión que algunos asumen y otros se resisten a tomar por la desinformación que tienen. En realidad podemos decir quienes vemos el problema de cerca, que si realmente se realiza el trabajo de manera responsable se logra un gran cambio en el niño… nuestro alumno con TDAH diagnosticado y tratado estará en clase no solo físicamente sino de mente y podrá empezar a atendernos. Valioso, realmente.

El grupo de padres que prueba solo las terapias sugeridas por el profesional, mas no la medicación, ve que se hace más difícil el cambio, demora más y finalmente se desgasta la relación familiar, la comunicación y pueden aumentar los problemas de conducta.

Pero sepan que además de la medicación, además de las terapias, además de los talleres de habilidades sociales, debemos aplicar una terapia de amor, que sea ese el soporte emocional que tanto se necesita. Con amor todo se puede.

Me siento feliz ahora de acompañar a aquellas familias que muchas veces vienen en estado de crisis, a las madres que lloran, que piden un cupo en el colegio, que quieren ser escuchadas y comprendidas, muchas de ellas ocultando la verdad que ya saben… pues sus niños son marcados como los insoportables del colegio, a los cuales las maestras a veces herimos con palabras que los marcarán por el resto de sus vidas.

Hoy debemos actuar.. y rápidamente. Seamos los maestros que comprendemos y los maestros a quienes nuestros alumnos recuerden con cariño.

Actualmente, me encuentro formándome como Coach de TDAH en el APDA y mi compromiso va más allá de una gran responsabilidad. Si pudiera trasmitirles lo que experimento cada día, lo haría… solo les pido que lean, que se informen sobre el tema y abran los brazos para esperar lo que el señor nos dio como labor.

Ojalá que pronto seamos más los maestros que podamos cambiar el tema de conversación luego de las clases del día y compartir los grandes logros de nuestros chicos diagnosticados, pues entonces sí podremos comprender a estos alumnos, que pasarán de ser un dolor de cabeza a ser una gran medicina para nuestra alma. Obremos.

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Sheila Moody es educadora responsable de Secundaria de la Asociación Educativa y Cultural Días Felices Villa Nova.

Testimonio aparecido en el boletín electrónico nº 23 del APDA, del 12 de julio del 2009.

Mujer adulta con TDAH nos cuenta sobre el inicio de su proceso de coaching

Cuando en la primera sesión con mi coach, ella me invita a pensar sobre mis cualidades positivas, me di cuenta de mi incapacidad para encontrarlas.  Estaba llena de todas las expresiones que siempre me dije y muchos me dijeron sobre lo que “yo no sabía hacer” o “sobre lo mal que hacía” la gran cantidad de encargos y tareas que me daban. Tengo 36 años de edad y de saber que servía para poco, y ese poco solo lo conocía yo, o mejor dicho creo que lo conocía, nadie más.

Esto, entre otras cosas, me ayudó a que cada año me sintiera peor. Todo comenzaba y nada concluía, ni mis estudios profesionales. Gracias a Dios conocí a un hombre maravilloso que me viene acompañando en este camino espinoso, y quien me ha ayudado a no terminar de claudicar en mis esfuerzos por lograr lo que hasta ahora no logro. He pasado por tiempos de mucha desazón, y últimamente de pensamientos muy negativos por no entender mi existencia en este mundo.  Solo una señal me podía salvar: leer un artículo en el periódico sobre el trastorno por déficit de atención.  Esto hizo que una luz muy remota apareciera en el espectro de mi mirada, hizo que el último halo de fuerza que tenía oculta apareciera para activarme y entrar a una página web que me dio luces sobre el tema y la manera de buscar ayuda.

Así fue que aparecí en un consultorio médico y fui derivada a una coach, antes de poder iniciar el tratamiento medicamentoso. El acudir a la primera sesión de coaching fue realmente revelador, fue una descarga emocional de tal magnitud que hasta ahora (seis semanas después) sigo procesando. Hace cuatro semanas inicié el tratamiento con medicación y estoy aún sorprendida de seguir descubriendo tantas cosas en mí que se deben al TDAH. Lo mejor de todo es que lo puedo compartir sin reserva alguna con alguien! Tengo a alguien que me comprende! Que me alivia, que sabe de qué le estoy hablando sin ser juzgada, sino más bien acompañada! Y esa persona es mi coach.

Su presencia me ha ayudado a poder aceptar mis síntomas, a tomar conciencia que solo yo puedo ayudarme, y que debo buscar la ayuda correcta. En este camino también descubrí que mi marido también es TDAH, él sigue su tratamiento. Esto ayuda a que podamos reconstruirnos y compartir lo que este nuevo conocimiento significa en nuestras vidas. Será necesario un tiempo más de acompañamiento, ya que ver la vida de una misma con otros lentes resulta todo un descubrimiento, no solo de lo externo sino de las capacidades de cada uno.

Aún no sé qué vendrá, pero lo que sí sé es que el mañana se vislumbra con mucho trabajo y sobre todo con un antes y después. Con un nuevo mañana. __________
Testimonio aparecido en el boletín electrónico nº 22 del APDA, del 31 de marzo del 2009.

De una joven de 26 años

¿Ustedes quieren que les cuente mi experiencia con TDAH? ¡Si les contara! Difícil resumir el amplio anecdotario.

Mi mamá me cuenta que desde la barriga yo era un trompo, no dejaba de moverme y nací hiperactiva. Ella me dice ahora “pensábamos que tú eras movida como todos los niños, solo que con más revoluciones y mas bien nos preocupaba tu hermana que era muy tranquila”. “Eras un trompo y nosotros te  dejábamos suelta en plaza para que corrieras y te cansaras un poco”.

El diagnóstico se dio por cosas del destino, estando en el nido le dijeron a mi mamá que debían llevarme al doctor pues creían que yo era sorda —la pobre profe se mataba llamándome por mi nombre y yo ni me inmutaba, estaba en mi mundo. Luego de descartar sordera mis papás, preocupados, siguieron indagando e indagando con doctores hasta que finalmente les dieron el diagnóstico: TDAH e iniciaron la medicación con Ritalin. La medicación fue interrumpida porque escucharon que tomar la pastilla podía generar dependencia y me veían muy tranquila y no era la misma…

Definitivamente la etapa del cole fue la más difícil, allí batí el record a la expulsión más rápida. Mientras mis papás recibían la noticia de que había sido aceptada en un colegio, yo tratando de alcanzar algo metí mi cabeza entre los barrotes de una reja y estallé en llantos al verme atrapada…, como no podían sacarme de allí, mi papá sacó la gata del carro y arqueó los barrotes y listo… y ya estaba fuera del colegio.

Luego ingresé a otro colegio y no funcionó, los salones de 40 alumnos, las tareas kilométricas, la disciplina estricta, entre otros, hicieron que mis padres se convencieran de que necesitaba un cole en el que me dedicaran más atención. Este último colegio felizmente fue el adecuado para mí, nunca olvidaré lo increíblemente desmotivada que salí del colegio anterior por los pocos logros y las innumerables llamadas de atención y lo increíble que fue para mí recibir al poco tiempo de haber ingresado a este nuevo cole un DIPLOMA DE FELICITACIONES!!! era inédito! estaba feliz!, claro, la diploma era a “la mejor trepadora de arboles” pero eso para mí y mis papás era lo máximo; habían logrado motivarme con algo que me gustaba, ir a clases tomó otro sentido a partir de ese momento.

Igualmente me resultaba muy difícil estudiar, recuerdo que mi mamá al principio pretendió enseñarme y era difícil. El caso de todos los días era estar las dos sentadas con la lección y a los dos minutos yo me paraba, saltaba, le hacía una pregunta, y  finalmente pasaban las horas y yo no avanzaba; ella se desesperaba —comprensiblemente— y me reñía, luego se molestaba, finalmente me daba un grito y yo rompía en llanto y acto seguido ella también… y un caos total.

A partir de ese momento ella sabiamente dijo “zapatero a su zapato, yo soy la mamá y no el profesor”, así que  empezó a llevarme a terapias de lenguaje, coordinación y miles de tutores como mi tía con el Inglés, mi otra tía con las planas, profes de mate y de todo, etc. Todo esto resultó muy agotador y claro desmotivador, pues paraba entre terapias y tutorías y era notorio para mí que para lograr algo yo tenía que hacer más esfuerzo que la mayoría de mis compañeros y quedaba abierta la duda sobre mis capacidades, generando mucha inseguridad, ansiedad, baja autoestima, etc.

Terminar el cole fue todo un logro, mío y de mis padres, de mi hermana, tías, profes, etc. Ya para entonces no era tan hiperactiva y pensamos que yo ya no tenía TDAH, pero la universidad significó otro reto que asumí con muchos temores y esfuerzo, me organicé para que mis amigas me pasaran los resúmenes de las asignaturas que no me gustaban y me explicaran. En aquello que sí me gustaba me volví experta para poder aportar al grupo a cambio de los resúmenes. Mi graduación en la universidad fue todo un logro, yo estallaba en llantos entre la alegría de lograr lo que pensaba no podía lograr y de al fin terminar, recuerdo haber jurado no estudiar más en mi vida, por el esfuerzo y estrés que me había significado.

El mundo laboral me chocó bastante pues me tope con tareas que demandaban atención y frecuentemente metía la pata, adicionalmente me tocaron un par de jefes con poca tolerancia y esto afectó muchísimo mi autoestima e inseguridades ante el futuro. Con mi pareja tampoco me iba bien, me tornaba un poco impulsiva, era insegura y la relación se deterioró y terminó.

Todo esto se fue acumulando con la carga de los años anteriores y terminó en una depresión bastante fuerte que puso de cabeza mi casa y me hizo tocar fondo. Realmente la depre empezó desde que salí del cole a enfrentar el mundo, pero no me di cuenta o no quería darme cuenta y la sobrellevaba sola.

Realmente la depresión llegó a su punto máximo y me hizo perder un poco los papeles y doy gracias de haber tenido una familia excepcional que invirtió en un tratamiento para levantarme y me dio innumerables muestras de cariño y valores. Esta gran depresión hizo que dejara el trabajo y a mi nueva pareja, entre otros.

La terapia para la depresión y ansiedad funcionó pero no del todo, pues seguía siendo impulsiva, algo negativa para enfrentar las cosas, estresada (aún sin razón alguna) y sentía que los ansiolíticos me quitaban la ansiedad pero no la causa de la misma: la distracción, falta de buen sueño, irritabilidad, etc, etc.

Gracias a unas amigas detecté que no había superado el TDAH como así lo creía e indagué en el tema, fui a consulta con un reconocido neurólogo y después de leer un interesante libro sobre TDAH inicié tratamiento con Ritalin. El libro de por sí me abrió los ojos y me removió el hecho de pensar que todo esto quizá me lo pude haber ahorrado tomando una pastilla!!!

Ahora estoy mucho más tranquila, motivada porque siento que me va mejor en el trabajo y feliz de conocer todo esto y asumirlo y trabajar en ello para recuperar el tiempo; estoy ya inscrita en un diplomado y asumiendo la vida sin negatividad y más fuerte que nunca.

Ahora mi mamá me siguió los pasos y también está tomando su Ritalin y estamos muy contentas con ello.

Yo nunca dejaré de agradecer a mis padres por darme la máxima dedicación y la mejor educación, principios y valores y terapias que hicieron que finalmente me desarrollara y lograra ser hoy quien soy.

Yo estoy segura, que de no ser por los principios y valores y apoyo que me dieron yo no hubiera terminado el colegio, y probablemente estaría en drogadicción o alcoholismo, sobre todo por los difíciles retos que tuve desde pequeña y el nivel de ansiedad que generaba.

¡Espero esto les pueda servir a muchos!

De mamá

Hace 8 años el entonces director del Colegio de La Inmaculada, el Padre Ricardo Morales, publicaba en el editorial semanal del “Comunicándonos” un artículo que se enfocaba en chicos hiperactivos, y su recomendación era primordialmente “Cuidar la autoestima”.
Justo en esos meses, durante clases, Pablo se diferenciaba del resto y el colegio recomendaba una evaluación neurológica. Diagnóstico: TDAH.Siendo una realidad el hecho de que los chicos están en el colegio más horas que en la casa, eran frecuentes las discusiones familiares, cada vez que venían las anotaciones conductuales o el bajo rendimiento académico, sobre si continuaba o no en ese colegio o si tal vez era mejor cambiarlo a un colegio “más para él”.

La postura de mi esposo era que sus fortalezas debían ser aprovechadas y explotadas en otro tipo de centro educativo, yo, por mi parte pensaba que él debía aprender a vivir con sus debilidades y salir adelante con ellas en el mismo colegio… en lo que sí coincidíamos era en “cuidar su autoestima”. De hecho, yo sabía que con mi postura ponía en riesgo la salud espiritual de mi propio hijo, sabía que iba a ser más difícil. Fue más difícil.

Cuidar su autoestima en un mundo que no está hecho para él fue muchas veces casi una lucha de capa y espada. Una, como madre, no deja de sentirse directamente agraviada cuando escucha comentarios como “no tiene modales”, “es poco educado”… Imposible no reaccionar como una leona ante esto, sobre todo cuando sabes que tu hijo es justamente ¡todo lo contrario! ¿Cómo lo proteges? ¿Es que acaso no entienden que es un problema de “impulsividad”?

Lo cierto es que no. Y no se puede juzgar a los otros, pues si una misma no entiende, ni acepta que una condición no visible puede ser la explicación del desorden al trabajar, la mala memoria, las risas exageradas, los comentarios fuera de lugar o los comportamientos no permitidos dentro del aula.

Mi aceptación vino de la combinación del aprendizaje y el entendimiento, luego pude pensar en una solución y adaptarme a ella.

Hace muchos años aprendí que el TDAH es una condición primariamente neurobiológica que se caracteriza por  la deficiencia en algunas áreas del cerebro de los neurotransmisores dopamina y norepinefrina, pero fue últimamente que entendí que no iba a desaparecer y que necesitaba mi atención y un plan de acción, que no se trataba solo de proteger a mi hijo, de corregirlo y estimularlo cuando lo merecía, o de tener largas conversaciones con él. Tampoco podía echarle la culpa al colegio, o al sistema, eso simplemente no lo iba a ayudar.

El tema de la medicación no aplicaba por una condición física. Lo siguiente fue terapia psicológica, que realmente no ayudó, las sesiones se quedaban en el cuarto del psicólogo y no había un problema psicológico real. Tutoría para temas académicos, que no lograba otra cosa que hacer que “salve el curso”.

Mi hijo necesitaba entender su problema, fijarse un objetivo a largo plazo, pero trazarse metas a corto plazo. Necesitaba organizarse, necesitaba seguimiento y sobre todo motivación. Necesitaba aprender a manejarse.

Entendía que él era especial, sabía que necesitaba ayuda y qué tipo de ayuda necesitaba, pero no estaba preparada para dársela solo yo, ni solo un psicólogo, ni solo un tutor o profesor.

Fue entonces que “googleando” encontré la página de APDA y aprendí sobre el coaching.

El coaching parecía ofrecer justo lo que necesitábamos. Y fue más que eso. Las sesiones, semanales, me devolvían a un chico super motivado, con un plan de trabajo para la semana, pautas para cumplirlas y mails de seguimiento durante la semana para apoyarlo en cosas puntuales. Los resultados a corto plazo en el colegio le dieron una suerte de bola de nieve positiva que hizo que Pablo se diera cuenta que el cambio dependía solo de él.

Las sesiones de coaching promovían un ambiente de confianza de modo que nunca fue un tema el hecho de asistir a ellas. El coach pudo identificar los comportamientos negativos frecuentes y ayudó a que Pablo encuentre la respuesta o la manera de anularlos y además revertirlos. Temas sencillos como la dinámica de trabajo de uno de los cursos en el colegio.

Además de que tuvo 100% de aceptación en el colegio, de modo que las recomendaciones de Pablo respecto a la manera de enfrentar sus dificultades fueron respetadas. En casa el nivel de comunicación mejoro también, las sesiones de coaching le dieron la seguridad que necesitaba justo en la edad en que más necesita estar seguro de él mismo y de sus capacidades.

Hoy, los objetivos de mi hijo son más claros, los medios para lograrlos también y su proyecto futuro es aprender a hacerlo por sí solo.

Testimonio publicado en el boletín electrónico n° 26 del APDA, el 15 de diciembre del 2010.