Boletín electrónico n.º 10 (15 de diciembre de 2005)

Boletín electrónico n.º 10 (15 de diciembre de 2005)

Asociación Peruana de Déficit de Atención
15 de diciembre de 2005

Editorial
El desafío de pensar en el TDAH en la mujer: Dra. Norma Echavarría (Argentina)
Mi relación de cuatro décadas con el TDAH: Dr. Armando Filomeno
Gracias al TDAH: testimonio de un brillante adolescente de 15 años.
Anuncios y enlaces: libro ilustrado sobre el TDAH, reunión del CHADD en Dallas, charlas en colegios, curso-taller de coaching para el TDAH, ilustración del libro Por una vida con atención

Editorial
Acabamos el año 2005 con mucha alegría por haber publicado el libro Por una vida con atención. Nuestros planes son formar un fondo editorial con la venta de este libro para poder seguir editando material relacionado directamente con el TDAH y así llenar el vacío que existe en nuestro medio. Con el apoyo de todos ustedes lo lograremos.

Como muchos ya saben, este año hemos tenido la oportunidad de participar como invitados en la Conferencia Internacional sobre TDAH realizada en Buenos Aires en septiembre y de asistir a la Conferencia Anual Internacional del CHADD en Dallas, en octubre. Encuentros de este tipo nos permiten tomar contacto directo con muchas personas que, como nosotros, trabajan día a día en sus respectivos países para que este trastorno sea conocido y tratado como se debe, en beneficio no solo de quienes lo tienen sino de la sociedad en general.

Queremos agradecer a un gran amigo —adolescente de 15 años— quien comparte su testimonio con nosotros y a la Dra. Norma Echavarría, psiquiatra argentina, que trabaja el TDAH en mujeres. También en este boletín, el Dr. Armando Filomeno, neurólogo asesor del APDA, nos relata su experiencia con el TDAH desde su época de estudiante de medicina. Por supuesto, gracias a todos ustedes por su presencia.

Pasen unas lindas fiestas familiares y que en el año 2006 se concreten sus metas!!!

Beatriz Duda
Presidenta del APDA

 

El desafío de pensar en el TDAH en la mujer
Dra. Norma Echavarría

Hablar de Déficit de Atención e Hiperactividad hoy, puede para muchos seguir estando asociado a identificar sus manifestaciones como un trastorno de niños y por lo general asociarlo no solo con varones, sino con niños inquietos y con dificultades académicas.

La cantidad de varones identificados a través del diagnóstico, aún sigue siendo mayor que la de las niñas, lo que lleva a continuar pensando en el trastorno como una afección  predominantemente del sexo masculino. La cantidad de niñas identificadas —en una proporción significativamente menor de la afectada realmente— suele corresponder a las niñas referidas para su evaluación, que son solamente los casos más severos, donde la hiperactividad o la impulsividad son tan evidentes que llevan a padres y docentes a buscar la consulta.

El trastorno por déficit de atención es un trastorno del neurodesarrollo, que tiene una heredabilidad de 0.8, lo que significa que es un trastorno hereditario de alto impacto genético. Los casos identificados habitualmente en las familias de niños diagnosticados, suelen ser los de otros varones o niñas predominantemente hiperactivas, obviando por lo general un gran número de niñas que si bien están afectadas son predominantemente “desatentas”.

La sintomatología que motiva las consultas o bien la preocupación de los padres y docentes, suele ser la que resulta evidente. ¿Que quiero decir con ello?

Solamente generará una consulta aquella situación visible y evidenciable como inadecuada en la infancia.

Intentaré aclarar este aspecto que considero básico en la comprensión de este concepto. El proceso diagnóstico en el área de salud continúa siendo un proceso que se inicia a partir de la presencia de síntomas o signos. Estos pueden ser francamente evidentes —como lo es la fiebre, una erupción, una tumoración, un dolor agudo— dentro de la clínica médica. Visibles, mensurables, fácilmente detectables por el sujeto adulto o por los adultos a cargo de su cuidado, si pensamos en un niño.

Cuando pensamos en salud mental, esto se hace mucho más complejo. Un sujeto presenta síntomas que por lo general son tan solo exageraciones, o variaciones, de características normales. Solo a veces estos resultan evidenciables, pero en la mayoría de los casos son predominantemente subjetivos, como la angustia, la tristeza, la insatisfacción, por solo mencionar algunos de ellos. Es entonces mucho más complejo pensar en arribar a un diagnóstico.

Aclarando el concepto ahora podremos imaginarnos dónde radica el problema de la identificación diagnóstica en las niñas. Estamos ahora en condiciones de pensar cuántos son los factores que contribuyen a postergar el diagnóstico del TDAH en ellas —en el mejor de los casos— o de poder entender por qué es que muchas mujeres conviven permanentemente con el problema sin saberlo.

El trastorno por déficit de atención es un trastorno que puede presentarse en una amplia esfera de síntomas. El predominantemente hiperactivo-impulsivo, el desatento o el combinado, que presenta ambas esferas sintomatológicas. En el sexo femenino, el subtipo desatento es el más frecuente, en comparación con los varones.

¿Cuáles son las manifestaciones más características de este subtipo?
Podríamos enumerar las características que el manual DSM IV considera para su diagnóstico:
– No presta atención a los detalles.
– Pierde cosas o útiles necesarios para sus tareas.
– Evita tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
– Se distrae fácilmente.
– Tiene problemas para sostener la atención.
– Parece no escuchar.
– Le cuesta terminar las tareas.
– Es olvidadizo.
– Tiene dificultad para organizarse.

Seis o más de los síntomas precedentes han persistido por seis o más meses, y no corresponden al nivel del desarrollo. Se presentan en dos o más ámbitos.

¿Cómo es que aun con estas características una niña resulta no diagnosticada? Por lo general, en la niñez las madres suelen abastecer de recursos a estas niñas para evitar el impacto que generaría el trastorno; por ejemplo, les miran los cuadernos, les organizan las mochilas, les consiguen las tareas no copiadas en clase, casi de la misma forma que hacen con varones. Sin embargo, las expectativas sociales que recaen sobre el sexo femenino van a generar una serie de factores de compensación que llevarán a las mismas a poder lidiar con sus dificultades, a través de un gran esfuerzo personal.

Las expectativas del rol de la mujer desde niña es que cumpla con una serie de pautas para que pueda ser identificada como miembro legítimo de la logia femenina. Las niñas suelen ser detallistas —mirarse unas a otras en búsqueda de detalles nuevos—, estar muy atentas a desarrollar desde muy temprana edad un mundo donde la comunicación verbal prevalece. Una típica niña será apreciada por su complacencia, su conexión con el mundo femenino, de detalles y muñecas, de puntillas, hebillas y colores que combinen… Una niña desatenta estará gran parte de su tiempo como desconectada de su entorno, su mente suele dispersarla con sus propios pensamientos, su imaginación frondosa, sus ensueños característicos la llevarán probablemente a aterrizajes forzosos frente a la risa de sus “amigas”, quienes dejarán de lado poco a poco a esta atípica niña.

Si bien para muchas el problema de la hiperactividad estará presente, será de una forma mucho menos disruptiva que en los varones. Las niñas con TDAH podrán ser charlatanas, movedizas, disfrutarán de correr en el patio del colegio, sin tener en cuenta que sus polleras puedan volarse en ese juego. Esto les podrá dar un aspecto más desaliñado, donde priorizarán la ropa cómoda frente a la de moda. Siempre tendrán mayor dificultad al relacionarse con otras niñas porque seguramente con los varones tendrán mejor conexión. La impulsividad en algunos casos las llevará a interrumpir un juego tranquilo, a contestar abruptamente, otra vez generándose el circuito negativo del rechazo de sus pares.

En el aspecto académico, las niñas podrán esforzarse “a escondidas”, estudiando y preparando trabajos, invirtiendo largas horas en ello. Desde el exterior, a veces logran a través del esfuerzo desmedido, y con patrones casi obsesivos, mostrarse sin dejar ver los síntomas que realmente las torturan. Presentan un enorme porcentaje de trastornos de ansiedad asociados, lo mismo que trastornos del ánimo, que yacen fuera de la vista de quienes conviven con ellas o no generan preocupaciones que ameriten la consulta. En lo académico, muchas veces un buen coeficiente intelectual las ayuda a pasar desapercibidas y hasta convertirse en las mejores alumnas, obsesivizándose con el estudio, cargando consigo una enorme ansiedad surgida del temor a ser descubiertas. Viven una vida donde la vergüenza, la culpa y la baja autoestima son más dañinas para su desarrollo que lo que el mismo trastorno en sí les generaría, de no acompañarse de estos efectos “secundarios”. A esto se debe que las mujeres afectadas consulten recién en su vida adulta, por el impacto que les genera las diferentes comorbilidades y “secuelas” de convivir sin diagnóstico ni tratamiento.

Si pensamos:
– que los síntomas por ser predominantemente desatentas, van a pasar mayoritariamente desapercibidos
– que se sumarán factores de protección abastecidos por sus madres generalmente, que las ayudan y las auxilian con las tareas
– que a pesar de presentar hiperactividad tienen menores problemas de comportamiento; se fuerzan más por vivir detrás de una máscara de aptitud, dejando visible, por ejemplo, el solo ser más “charlatanas”
– que académicamente podrán, a través del esfuerzo y el sacrificio, obtener resultados “adecuados”, y que a veces pueden refugiarse obsesivamente en ese esfuerzo y lograr estar entre las mejores alumnas cuando se le suma, como factor de protección, un alto coeficiente intelectual
– que en la infancia y hasta la pubertad los estrógenos, hormonas en una proporción significativamente mayor en niñas, proporcionan una mejor transmisión en los circuitos comprometidos por el TDAH, incrementando la transmisión dopaminérgica, en los circuitos prefrontales y ganglios basales

Entonces estaremos en condiciones de entender un poco mejor cuáles son las causas de la postergación o la ausencia de la detección precoz del problema. Será pues muy importante tener en cuenta que, por lo general, a las niñas afectadas debemos ir a buscarlas, mas allá de los puntajes de las escalas de evaluación diagnósticas, que por otra parte están diseñadas para evaluar niños, y por lo general pocos síntomas de la esfera desatencional. El gran desafío para nosotros, los que trabajamos en el tema del TDAH, será probablemente abrir un nuevo capítulo dentro del área diagnóstica y terapéutica: EL TDAH EN LA MUJER.

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La Dra. Norma Echavarría es graduada con Diploma de Honor en la Universidad de Buenos Aires. Médica Especialista en Psiquiatría.  Especialista en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en Adultos. Miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). Ex docente de la Cátedra de Salud Mental UBA, Hospital Borda. Member of  the American Psychiatric Association (APA). Member of CHADD. Directora de C.I.P Hurlingham (Consultorios Integrativos de Psicoterapia).
www.dranormacechavarria.com.ar
nce@dranormacechavarria.com.ar

Mi relación de cuatro décadas con el TDAH
Dr. Armando Filomeno

Mis primeros recuerdos sobre un paciente con lo que ahora se conoce como Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), son de mis años de estudiante de medicina en Cayetano Heredia —en la primera mitad de la década de los años sesenta— cuando conocí a una niña de la parentela que era tremendamente movida y tenía una conducta incontrolable. Recomendé que la viera un neurólogo y el padre eligió a un conocido neurocirujano que tenía una amplia práctica neurológica; su diagnóstico fue disritmia y le indicó un anticonvulsivo que no hizo nada por la niña, quien continuó teniendo dificultades en la escuela y en la casa, y luego serios problemas en su vida privada, que se han agravado con los años y que persisten hasta la actualidad.

Por mis lecturas conocía lo que se denominaba —desde un par de años antes— Disfunción  Cerebral Mínima, y había leído la primera monografía que se había publicado sobre el tema (1);  como ocurre con muchos libros, lo presté hace 38 años y nunca me fue devuelto. Estaba enterado también de que el tratamiento más efectivo eran las anfetaminas, especialmente la dextroanfetamina, pero como yo aún era estudiante no me era posible recetar, y poco pude hacer por la niña, además de darle a mi pariente la opinión de un aprendiz.

En mi rotación por pediatría durante el internado —a pesar de que suscribí a mi jefa a importantes revistas extranjeras de la especialidad—, no logré convencerla de la existencia del síndrome y por lo que recuerdo nunca llegué a tratar con dextroanfetamina a los pacientes que se ceñían a ese diagnóstico en la consulta externa del hospital. Es cierto que, en el trabajo diario, problemas de vida o muerte como la meningitis y la encefalitis ocupaban todo el tiempo y las energías de quienes allí laborábamos.

Durante mi residentado en neurología y neuropediatría en la Universidad de Rochester, en los EEUU, a fines de los sesentas y comienzo de los setentas, la Disfunción Cerebral Mínima (DCM) era pan de todos los días y el tratamiento se hacía con dextroanfetamina (Dexedrine) y también con metilfenidato (Ritalin).

A mi regreso al Perú a comienzos de la década de los años setenta, me encontré nuevamente con la disritmia, que —además de ser usada como eufemismo de epilepsia—  englobaba un abanico de problemas que iban desde la malacrianza hasta el retardo mental (la DCM estaba en medio de ellos); el hilo conductor de dicho diagnóstico era la presencia de anormalidades —más imaginarias que reales— en el electroencefalograma. La disritmia  era diagnosticada por neurólogos, neurocirujanos y psiquiatras, y los medicamentos usados eran los anticonvulsivos y fármacos anodinos a los que yo solía referirme como los gamalates y los encefaboles. Le declaré la guerra a dicho diagnóstico y tratamiento, y recuerdo que en el Congreso Peruano de Psiquiatría, Neurología y Neurocirugía del año 1974 traté el tema en tono jocoso e irónico, utilizando diapositivas con caricaturas, que causaron mucha gracia pero poco hicieron para cambiar los conceptos, diagnósticos y tratamientos; lo que sí ocurrió fue que me consiguió algunos enemigos, pues quienes se sintieron afectados reaccionaron con expresiones como “qué se ha creído este jovencito…”.

Recuerdo también cómo, gradualmente, en la década de los años 70 se fue pasando al diagnóstico de Síndrome Hiperquinético; luego, en la de los 80, al de Trastorno por Déficit de atención —con hiperactividad o sin ella—, y en los últimos diez años se llegó al diagnóstico actual de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), con sus tres tipos. Esto, sin embargo, para los pacientes ha sido lo menos trascendente de todo, pues las variaciones han sido más en la nomenclatura que en el concepto.

Más importante ha sido que por épocas no se pudiera conseguir el metilfenidato en las farmacias del país y que haya sido necesario que los pacientes lo trajeran de México —con la ayuda de una azafata de Aeroperú, trágicamente fallecida en un accidente frente a nuestra costa— o del Ecuador, o que haya sido necesario recetar café, el remedio casero para el TDAH, y exponerse a que las abuelitas dijeran: “cómo se le ocurre a este doctorcito recetarle café a mi nieto”.

En los últimos tres años, la novedad fue que el metilfenidato se convirtiera —por celo burocrático excesivo— en un medicamento que necesitara receta por triplicado, con dirección, teléfono, diagnóstico, etc., y que en el último año requiriera de un formulario especial que ha hecho más difícil comprar Ritalin que cocaína en Lima. Otra desagradable novedad es que las compañías de seguros con frecuencia no lo cubren usando como pretexto “que es un estimulante”, “que es dañino para el cerebro”, etc.

Párrafo aparte merece la desidia de los laboratorios que desarrollaron la dextroanfetamina y el metilfenidato. El primero de ellos no tiene interés alguno en vender su útil producto en el Perú desde hace cuatro décadas, y el segundo no comercializa aún su preparado de 8 horas de duración (Ritalin LA) en el país. Tampoco se consigue el metilfenidato que se libera mediante el sistema OROS, que actúa durante 12 horas (Concerta), aunque se anuncia su llegada en los próximos seis meses. Llama a sorpresa que se desprecie a una población tan importante de niños, adolescentes y adultos, mientras muchos laboratorios se pelean un mercado en el que existe una decena de productos para trastornos que afectan a un número varias veces menor de personas. Habría que decir como Condorito: ¡exijo una explicación!

La aparición de los boletines de la Asociación Peruana de Déficit de Atención (APDA), hace más de dos años, ha significado —para un público cada vez más amplio— la posibilidad de informarse sobre muchos aspectos del TDAH, como la utilidad de los medicamentos o la falta de evidencia con respecto a la efectividad de algunos métodos alternativos de tratamiento que se están introduciendo en el país; la independencia de la que gozan los boletines ha incomodado a más de uno. Desde octubre del 2004 la página web del APDA —para bien de los padres, pacientes y profesionales— ha significado tener información permanentemente a la mano.

Mi asistencia en los últimos cuatro años a eventos sobre TDAH y Síndrome de Tourette en Washington, Cancún, Nashville, Buenos Aires y Dallas me ha permitido ponerme en contacto con profesionales de alto nivel, siendo para mí muy significativo que en la mayoría de estos lugares haya conocido a algún médico que ha estudiado o ha efectuado su especialización en la Universidad de Rochester (2). Con ellos he podido intercambiar recuerdos sobre el Hospital Strong Memorial, el departamento de neurología y su ilustre jefe fundador (3); la escuela de medicina, la escuela Eastman de música con los recitales domingueros de sus alumnos —el ingreso era libre, por supuesto—, los inviernos polares de la ciudad, etc.

Recuerdo períodos muy satisfactorios de mi actividad médica, como cuando fui jefe de residentes de neurología y luego de neuropediatría en Rochester, cuando fui fellow en Johns Hopkins o cuando fui docente de neurología a tiempo completo en Cayetano Heredia, y el primer neuropediatra de su hospital docente. Sin  temor a equivocarme puedo decir, sin embargo, que mi labor profesional actual —en el campo que suelo denominar Neuropsiquiatría Pediátrica— de la cual los boletines electrónicos y la página web del APDA forman parte importante, no la cambiaría por ninguna.

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El tema de este artículo sirvió de base para la presentación de Déficit de atención en pacientes pediátricos. El TDAH en los últimos 40 años, el 31 de marzo del 2005 en las jornadas científicas internacionales por los 40 años de la promoción médica Hugo Pesce – Alberto Hurtado, de San Fernando (San Marcos) y Cayetano Heredia.
(1) Bax, Martin and Ronald Mc Keith. Minimal Cerebral Dysfunction. Little Club Clinics in Developmental Medicine nº 10. London: Spastics Society with Heinemann. 1963
(2) Washington 2002: Edward Kaplan, M.D., estreptococólogo. Cancun 2003: Jeffrey Newcorn, M.D, psiquiatra de niños y adolescentes. Nashville 2004: Michael Finkel, M.D. quien hizo su residentado de neurología en la Universidad de Rochester, actualmente está en la Cleveland Clinic en Naples, Florida; tiene a su cargo las relaciones internacionaless en el CHADD (Children and Adults with Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder).
(3) Robert J. Joynt, M.D., Ph.D., Profesor Universitario Distinguido de Neurología, ex-decano de la escuela de medicina de la Universidad de Rochester y jefe fundador de su departamento de neurología.

Gracias al TDAH
Testimonio de un brillante adolescente de 15 años

Sí, esa es la verdad, gracias al TDAH. Esa es mi única verdad; mucha gente cree que si en un chico se descubre el TDAH, el pobre muchacho va a sufrir en la vida porque no va a poder desenvolverse con éxito en el mundo social, personal y laboral. Que lo van a tener que matricular en una escuela para chicos especiales porque el “pobre chico” no va a poder con un colegio normal. Eso es lo que piensa la mayoría de gente a la que se le pregunta sobre “esta, mi gran virtud” ( el TDAH). La mayoría de esta gente no tiene la más mínima idea de lo que es esto, muchos dicen que es un problema mental, un desorden en el cerebro o que prácticamente es un retraso mental sin posibilidad de recuperarse y es en esos momentos en los que me digo a mí mismo: “El mundo es ignorante y su gente no esta preparada para mí”, y lo digo de corazón. Entonces, para aclararles el panorama a todos he decidido escribir mi historia, mi trastorno, mi don y comenzaré con mi primer (y hasta este momento único) gran reto: El Colegio.

Nací en Acapulco, Estado de Guerrero, en México. Viví muy poco tiempo allí pues luego me mudé al D.F. (Distrito Federal) donde viví hasta los 7 años. Luego me vine al Perú en donde hasta el día de hoy resido. Me matricularon en el colegio Alpamayo (gracias a Dios) y fue ahí en donde comenzaron las primeras manifestaciones de mi don, que hasta el día de hoy me han traído y traen muchos problemas. Yo era el típico niño que no se podía quedar sentado más de dos minutos en su sitio y gracias a eso me gané más de una llamada de atención y ni que decir de los dolores de cabeza que le daba a mi madre, pues era un chico de conducta muy baja y de un promedio académico bueno (no se hagan muchas ilusiones, siempre he estado en el promedio).

Mis padres y profesores no se imaginaban qué era lo que yo tenía y la verdad es que no se detenían mucho a pensar en ello, pues supongo que lo tomaban como algo normal en un chico de mi edad, tal vez un poco movido pero nada más. Como mi padre es exactamente igual a mí (el también tiene el don, pero obviamente en su época aún no se descubría este don), él tranquilizaba a todo el mundo diciendo que ya me pasaría, que era solamente un niño movido. El hecho es que pasaban los años y no me pasaba, sino que cada vez se hacia más evidente mi incapacidad para permanecer inmóvil en mi lugar, lo cual no agradaba a muchos de mis maestros ni a mis padres que estaban llegando al límite de su paciencia con las “anotaciones” (que eran malos reportes de mi comportamiento en clase, algo que no era muy serio si te mandaban solo una, dos, tres o hasta cinco anotaciones, pero en mi caso las anotaciones llegaban en cantidades), pues eran ellos los que tenían que firmarlas.

Así continuó mi vida hasta que en cuarto grado de primaria la situación se tornó un poco más difícil y yo era el peor en conducta y el “punto” de todos los profesores, fue ahí cuando el psicólogo del colegio le recomendó a mi madre llevarme a un neurólogo, el cual le recomendó a una psicóloga, la misma que recomendó llevarme a otro neurólogo, después de seguir todos los consejos fuimos a parar al consultorio del neurólogo que detecto con rapidez mi “don” y le explicó con lujo de detalles a mi madre de qué se trataba. Él le dijo que no era un tumor en el cerebro, ni un trauma mental ni mucho menos un retraso mental; le dijo que se trataba de un trastorno llamado Déficit de Atención con Hiperactividad, que en buen castellano quería decir que yo no podía estar quieto en una silla, que era muy propenso a perderme en medio de una clase de matemáticas (no les recomiendo que se guíen por este síntoma pues conozco a muchos chicos de mi edad que se “pierden” en todas las clases y no tienen mi don, a todo aquel que le aburran las matemáticas no es porque esté bendecido con este regalo de Dios, yo creo que más bien está ligado a la holgazanería) y que era más difícil para mí sentarme a entender y a estudiar algún curso porque los dos últimos síntomas (la hiperactividad y la constante distracción) me hacen más difícil esta tarea.

Una vez que mi madre entendió lo que me ocurría, procedió a contármelo y sorprendentemente no fue ningún gran descubrimiento para mí, pues obviamente yo era el que experimentaba día a día aquello y lo único que me llamó la atención fue el nombre, que como cualquier otro nombre científico cuando te lo dicen por primera vez pides que te lo vuelvan a decir más despacio y explicando qué quiere decir cada palabra. El hecho es que cuando mi madre terminó con su presentación, me dijo que lo mío era más sencillo de lo que su nombre aparentaba y que tenía solución (yo prefiero decir: que se puede controlar); lo único que tenía que hacer todos los días aparte de levantarme, vestirme, tender mi cama, desayunar, ir al colegio, regresar de él, estudiar y dormir; era que en el lapso de tiempo que había entre el desayuno e ir al colegio debía tomar una minúscula pastilla, color blanco. Obviamente la pastilla sola no hacía milagros, yo tenía que poner mucho de mi parte para lograr un autocontrol; con estas dos cosas santo remedio, mi don estaba controlado.

Ahora que ya les conté los aspectos negativos de mi don pasaré a contarles los aspectos positivos de este, que son muchos y muy útiles. Comencemos por la capacidad de controlar situaciones, me explico: son muchas las ocasiones en que uno tiende a meterse en problemas y si no fuera por la capacidad de analizar rápidamente la situación, de controlar mis emociones (la adrenalina) —esto es propio de mi don—, habría recibido el doble de castigos de los que he tenido. Mi agilidad mental y la tranquilidad suficiente para que si en algún momento las cosas no salen como uno esperaba, tener la capacidad de no hacer o decir alguna insensatez que te puede costar caro. Es la agilidad mental un aspecto positivo que tenemos y que en la mayoría de las personas escasea.

Otro aporte a la humanidad es la capacidad de saberte desenvolver bien en cualquier circulo social, es decir, la capacidad de hacer amigos, de agrandar la lista de contactos; actualmente esto vale mucho para enfrentar una situación laboral. A diferencia de mucha gente no tengo temor o tengo la suficiente confianza en mí mismo para poder entrar en cualquier grupo nuevo, cualidad que a mucha gente de mi edad le falta; agallas de presentarme ante personas desconocidas con confianza y de una forma amena.

Otro aspecto positivo es el saber hablar cuando tengo que hablar y el saber escuchar cuando tengo que escuchar, esto es un don que actualmente en mi adolescencia y como hombre me ayuda ante las mujeres. Creo que no tengo que hacerles recordar que a todas las mujeres les encanta hablar y a los hombres no les agrada mucho escuchar, por ello saber escuchar y escuchar los detalles mínimos que las mujeres o cualquier persona dice es importante.

Otro detalle es saber hablar, ahora, cuando yo digo saber hablar no me refiero al hablar normal, me refiero a un hablar apropiado acorde a la situación y a la persona; como son por ejemplo, el saber hablar frente a una mujer o saber hablar en una cita de trabajo o una reunión social, saber hablar pensando. En resumen, todo gira alrededor de la agilidad mental tan impresionante que el TDAH trae consigo. Todos son miles de detalles que a fin de cuentas hacen al hombre lo que el hombre es.

Y obviamente para que cada uno de estos detalles funcione lo primero que tenemos que hacer es controlar nuestro don, de lo contrario puede ser contraproducente. Una de las cosas que más me ha ayudado para controlar este don en los tres últimos meses ha sido el Coaching, que ayuda una enormidad a manejar los tiempos y a prestar atención a esos detalles mínimos que pueden hacer que nuestro rendimiento llegue a ser el mejor.

Y ya para concluir cierro con lo que empecé: “Gracias al TDAH” soy ahora lo quiero ser y voy a ser lo que yo quiera ser; no hay nadie que me pueda detener. Ahora puedo aprovechar este don que para muchos ha sido siempre un mal para mí es una bendición.  Como dije al principio, pienso que el mundo aun no está listo para mí y es por eso por lo que me esfuerzo, pues cuando el momento llegue y el mundo siga igual, no voy a ser yo el que se acomode al mundo, va a ser el mundo el que se va a tener que acomodar como pueda cuando tenga que chocar conmigo.

Noticias y enlaces

Libro ilustrado sobre el TDAH
El APDA ha editado un libro ilustrado para ayudar a los padres y maestros a explicar a los niños qué es el TDAH; también puede ser usado por los médicos y psicólogos para explicarles a los padres, y también para explicar el trastorno a los maestros. Ver una de las ilustraciones al final de este boletín.
Enlace a Por una vida con atención: de qué trata y dónde comprarlo.
http://www.deficitdeatencionperu.org/librito.htm

Octavo Curso-Taller de Coaching para el TDAH
En las próximas semanas se iniciará el 8º Curso-taller de Coaching para el TDAH, dirigido a madres y padres. Enlace al programa:
http://www.deficitdeatencionperu.org/programa%20coaching.htm

Charlas informativas en colegios de Lima
Durante el presente año el APDA dictó charlas en varios colegios de nuestra capital, las que estuvieron a cargo de la presidenta del APDA Beatriz Duda y de la psicóloga Carla
Sandoval. Esta actividad se programa previa coordinación efectuada por las madres de niños con TDAH, en sus respectivos colegios.

Decimoséptima Reunión Anual Internacional del CHADD en Dallas, 2005
Se efectuó del 27 al 29 de octubre. Entre las actividades precongreso hubo un curso de entrenamiento avanzado para coaches de TDAH. El APDA fue representada por su presidenta Beatriz Duda y por su neurólogo asesor, el Dr. Armando Filomeno. Enlace a la reseña:
http://www.deficitdeatencionperu.org/Chadd2005.htm

Las NN.UU., el TDAH y su tratamiento
Enlace a un artículo que analiza extrañas conexiones:
http://www.deficitdeatencionperu.org/onu.htm

ÍNDICE DE TODOS LOS BOLETINES:
http://www.deficitdeatencionperu.org/boletines.htm

UNA DE LAS ILUSTRACIONES  DEL LIBRO POR UNA VIDA CON ATENCIÓN
http://www.deficitdeatencionperu.org/librito.htm

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